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28 de mayo 2009 - 21:08

«Fuera de menú»

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Javier Cámara sostiene con su protagónico un film que se caería a pedazos del todo sin su gracia natural.
«Fuera de menú» («Fuera de carta», España, 2008; habl. en español). Dir.: Nacho G. Velilla. Int.: J. Cámara, L. Dueñas, F. Tejero, B. Vicuña y otros.

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Comedia gay que atrasa 35 años

Difícil arte el de hacer reír: «Fuera de menú», debut en la dirección de cine del español Nacho G. Velilla, a quien la información sindica como proveniente de la televisión, podría haber sido, quizá, una inofensiva opera prima en los tiempos del destape. Hoy es apenas una inofensiva opera prima que atrasa 35 años, y que en su trama de farsa gay filtra y subraya un mensaje esperanzador: en la vida, para ser feliz, uno tiene que aceptarse como es. Es decir, una mezcla de Almodóvar con «Adiós Roberto», con mayor tendencia a la segunda por sus muchas recaídas en un sentimentalismo ñoño que espantaría al cineasta manchego.

Los ataques de nervios de sus personajes no son para nada preocupantes: siempre habrá una palabra sabia, una reflexión hecha a tiempo, un abrazo reconciliador y todos felices. Aun con esa falsedad de base, pese a un guión que aconseja al espectador, en la escena central, que lo importante siempre es no fingir, hay chispazos que se deben menos a las líneas que dicen como a la simple presencia de sus propios intérpretes, todos ellos provenientes del cine de Almodóvar.

Javier Cámara, que compartió cartel con Darío Grandinetti en «Hable con ella», sostiene con su protagónico un film que se caería a pedazos del todo sin su gracia natural. Su papel es el del chef Maxi, cuyo drama es haber «salido del armario» demasiado tarde: en su juventud se casó, tuvo dos hijos a quienes nunca quiso, pero como ahora enviudó debe ocuparse de ellos. Justo en ese momento aparece en su vida un nuevo amor, un futbolista argentino, ay, interpretado por el chileno Benjamín Vicuña, que enfrenta un doble desafío: intentar que el público le crea que es gay, y encima argentino. En el primer caso, debe besar en la boca a Javier Cámara, y en el segundo decir «vos» y «boludo» a cada momento, con acento de Santiago de Chile. En los dos fracasa.

Extrañamente, el drama más verosímil de todos los enfrentados por Maxi es accesorio: la llegada al restaurante del crítico de las guías Michelin, de cuyo puntaje dependerá la inclusión o no del establecimiento. En ese aspecto, la historia alcanza una intensidad no menor a la de «Ratatouille», más allá de que --se presume-- ésta no haya sido la intención central de los cuatro guionistas (sí, cuatro). Lola Dueñas y la histórica Chus Lampreave no hacen más que recordar, con sus siempre festejadas apariciones, la falta que un buen libro le hace a esta película.

M.Z.

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