"Gallipoli"

Espectáculos

«Gallipoli» (Gallipoli/ Gelibolu, Turquía-G.Bretaña 2005, habl. en inglés y turco). Dir.: T. Ornek. Documental.

Temo dormirme, porque mis sueños "son terribles". Capitán. Guy Nightingale, en carta a su madre pocos años antes de suicidarse. «Con este espectáculo, hasta el más delicado se vuelve salvaje, y el más salvaje llora». Tte. Cnel. Percival Fenwick, tras el armisticio de ocho horas establecido para enterrar (o quemar) los muertos de una jornada que contabilizó 60.000 bajas entre ambos bandos.

Estas que sirven de epígrafe son apenas dos de las abundantes y amargas confesiones recopiladas por el documental turco que ahora vemos, y donde se describe minuciosamente la espantosa Campaña de los Dardanelos, un desastre donde murieron más de 250.000 hombres sin dejar un claro ganador, y que, sin embargo, resulta apenas un mero episodio en la gran carnicería de la I Guerra Mundial.

Fotos, cartas, viejos noticieros, y la reconstrucción actual de los bombardeos dan pálida idea de aquello. Pero lo que dicen esas imágenes y esos textos basta para que hasta el más frívolo espectador también se vuelva pálido. Rostros adolescentes que envejecen en pocos meses, fotos de letrinas y moscas en las trincheras, detalles sanitarios inesperados (por ejemplo, por falta de recursos hervían el algodón para volver a usarlo), informes de peleas subterráneas donde se mataban por asfixia, 234 muertos acumulados en el espacio de una cancha de tenis, una mochila destrozada de la que asoma un par de escarpines celestes.

Para hacer esta obra, el equipo del cineasta y divulgador Tolga Ornek pasó largos años revisando decenas de archivos en siete países, entrevistando especialistas, y armando pequeños fragmentos escenificados. Este último es un recurso discutible, aunque bastante efectivo. Pero más fuerte aún es la lectura de las cartas, los diarios personales, y los informes de diez soldados y oficiales de cuatro de los países participantes, a lo largo de la campaña y, en algunos casos, varios años más tarde.

«No quisiera ser descortés con mis superiores, pero alguien tendrá que dar cuenta», comienza la lectura de una nota de sir Percival Fenwick, y su justo reclamo de explicaciones hierve la sangre (digamos, de paso, que la locución está a cargo de Jeremy Irons y Sam Neill). El viejo público recordará, sin duda, la «Gallipoli» australiana, que era una intensa dramatización de Peter Weir, con un jovencísimo Mel Gibson y un final acongojante. Bien, este documental turco es todavía muchísimo más fuerte. Pero entre medio del espanto, guarda una ironía: todas las mañanas, un civil turco recorría la «tierra de nadie» juntando leña, sin que nadie le disparara, y, más loco aún, cada tanto los ingleses salían sin armas a esa «tierra de nadie», la convertían en cancha de fútbol por un rato, y, desde la trinchera enemiga, los soldados turcos los veían jugar y apostaban por alguno de los equipos.

P.S.

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