17 de enero 2008 - 00:00

García Márquez sigue sin tener quien lo filme

Giovanna Mezzogiorno y Javier Bardem, maquillados de ancianos en la maquillada adaptaciónde «El amor en los tiempos del cólera».
Giovanna Mezzogiorno y Javier Bardem, maquillados de ancianos en la maquillada adaptación de «El amor en los tiempos del cólera».
«El amor en los tiempos del cólera» («Love in the Time of Cholera», G.B.-EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: M. Newell. Guión: R. Harwood, sobre novela de G. García Márquez; Int.: J. Bardem, G. Mezzogiorno, U. Ugalde, B. Bratt, F. Montenegro, C. Sandino, J. Leguizamo, L. Harring.

Este film adapta un conocidolibro de García Márquez-. Y podría decirse que su solo comienzo ya justifica cualquier prejuicio: títulos con un dibujo animado de selva tropical, un loro, un actor mal maquillado de viejo, una negra que grita como italiana de sainete, una actriz mal maquillada de vieja, y, en otro lugar, una linda jovencita latina, desnudita, diciéndole a un tipo que se cae de viejo «Florentino, hagámoslo otra vez». Por suerte, sólo es un mal comienzo.

Debe superarse, claro, la extrañeza de escuchar a personajes colombianos en inglés, mientras al fondo se oyen cada tanto voces en español, como color ambiente. Superarse, luego, la fastidiosa macchieta de John Leguizamo en el papel de padre guardabosque. Y aceptar un problema de tono, porque García Márquez nos cuenta sus disparates románticos como si fueran lo más natural del mundo, en cambio la puesta cinematográfica rebalsa a cada rato una suerte de artificio excesivo, propia de quien transmite no sólo la novela, sino también, quiera que no, el asombro con que la leyó.

Como sea, uno va entrando en la historia, que, ya se sabe, transcurre desde 1879, cuando el jovencito Florentino Ariza, enamorado, dice «Este es el día más feliz de mi vida», hasta 1929. «Mi destino en la vida es amar a Fermina», declara el pobre, inicialmente respondido y luego públicamente rechazado. Para merecer a esa mujer hará fortuna, llorará con los ojos todavía adolescentes de Unax Ugalde, y después con los ojos de huevo duro de Javier Bardem, y cumplirá su destino, claro que sí. Mientras, por supuesto, también atenderá a otras mujeres. Muy buena, la escena donde una desconocida le hace perder la exclusividad.

Elogiables, también, varias otras partes, fieles o no al libro original, como aquella de la visita médica, las de la prima Hildebranda, siempre zafada ( Catalina Sandino), la noche de bodas de la mujer con el doctor, y, en especial, ésa donde, para alejarla de su enamorado, la chica es llevada en largo viaje por la selva, y se oye la voz desgarrada de Shakira, con solo un antiguo acompañamiento acústico, sobre el plano de una panorámica inmensa, que hace más evidente la separación.

A destacar, la fluidez con que transcurre la historia, puntualizada por el cólera, las guerras, y las modas, y las locaciones (Cartagena, el Magdalena, Barranquilla, etc.), las direcciones de arte, fotografía, y música, y un hallazgo: Fernanda Montenegro y Javier Bardem realmente parecen madre e hijo. Buena, no más, Giovanna Mezzogiorno endulzando y endureciendo alternativamente su rostro, mientras toda la sala espera ansiosa a ver cuándo afloja y acepta de una vez al pobre Florentino.

Ya para entonces los prejuicios se han ido disolviendo. Y uno recuerda que el director de la adaptación es el veterano Mike Newell («Abril encantado», «Cuatro bodas y un funeral»), y el adaptador es el todavía más veterano Ronald Harwood («Diamantes para el desayuno», «El pianista», «La escafandra y la mariposa»), es decir, dos zorros viejos, casi tan zorros y viejos como García Márquez, que, dicho sea de paso, cobró tres millones de dólares los derechos del libro. Que, por supuesto, es otra cosa, pero eso ya se sabe.

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