30 de junio 2005 - 00:00

"Gente de Roma"

Una variada, agridulce, aguda y finalmente melancólica serie de viñetas y esquicios sobrelos romanos de hoy y de siempre componen el film de Ettore Scola que, lamentablemente,se estrena en DVD.
Una variada, agridulce, aguda y finalmente melancólica serie de viñetas y esquicios sobre los romanos de hoy y de siempre componen el film de Ettore Scola que, lamentablemente, se estrena en DVD.
«Gente de Roma» (Gente di Roma, 2003, habl. en italiano). Dir.: E. Scola. Int.: A. Foá, F. Ferrari, S. Sandrelli, S. Impacciatore, S. Marino, V. Mastandrea, R. Ravello, G. Colangeli (PROYECCION EN DVD).

En memoria de su viejo amigo, el gran comediante Alberto Sordi, Ettore Scola hizo este hermoso álbum de retratos. Una variada, agridulce, aguda, bastante amplia, y finalmente melancólica serie de esquicios y viñetas sobre los romanos de hoy y de siempre, y sobre la Roma Eterna, donde figuran hasta los extracomunitarios que se van integrando, si no a la sociedad, por lo menos al paisaje.

El vago hilo argumental lo tiende el itinerario de un colectivo de línea que pasa por distintos lados. A veces la escena se desarrolla entre los pasajeros, otras la cámara se detiene en algún barrio, o penetra por la ventana abierta de una casa, a espiar los pequeños dramas de sus habitantes. Excusas, en fin, para brindarnos un panorama lo más variado posible de lo que pasa a lo largo de un día cualquiera en la ciudad.

• Viñetas

Y eso que pasa, es la madrugadora salida del hogar de alguien rumbo al trabajo, el inesperado momento en que un laburante del Capitolio recita el monólogo de Antonio del «Julio César» de Shakespeare, la experiencia de soportar a un encuestador cargoso, las aflicciones de una mujer enamorada, el agradable encuentro con Stefania Sandrelli, la sexy de otros tiempos, hoy en su rol cotidiano de abuelita feliz, el absurdo de un hombre que oye a los muertos discutiendo todavía sus vanaglorias de cuando estaban vivos (la clave está en el Bobok de Dostoievski), la aflicción de una madre que ha perdido a su niño en una manifestación, y la alegría al reencontrarlo, el registro documental de un test de Alzheimer en un asilo de ancianos, y la cariñosa visita de una nieta a la abuela internada, el gracioso intento de levante de un pasajero a la chofer del colectivo, los bailes populares, desde Piazza del Popolo hasta el Gay Village, en fin, eso, y mucho más, que no va de la pe a la pa, pero cierra el día con el encuentro de Pi e Pe, el aristócrata y el croto, compartiendo la amistad y la ciudad en un rincón de la Piazza Navona.

Se dice que Scola pensó esta escena para Sordi. Pero uno imagina a Sordi también en la escena donde el venerable Fiorenzo Fiorentini rezonga contra la pobreza de vocabulario de los jóvenes, y recita un famoso soneto de Belli sobre los distintos nombres del pene. O esa otra escena, hondamente divertida y triste, donde el casi nonagenario Arnoldo Foá come por última vez en un restaurante, se pelea romanescamente con medio mundo, y reflexiona: «Un día pierdo un recuerdo, o un amigo, o un diente...». Foá ganó el Nastro d'Argento por esta escena, pero uno piensa en Sordi. Pero es porque todos los romanos tienen algo de Sordi. Y esta película tiene mucho de la mejor «commedia alla italiana». Se da en DVD, lo que es una enorme lástima, pero igual vale la pena.

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