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28 de diciembre 2020 - 00:00

George Clooney invita a llorar en olvidable drama

Seguramente no es la mejor fórmula para abrigar esperanzas en tiempos de pandemia y cines cerrados, pero quizá le valga unas candidaturas al Oscar.

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cielo de medianoche. George Clooney y la niña Caoilinn Springall. 

Para tranquilidad de quienes creen que 2020 fue un año malo -es decir, toda la humanidad-, en “Cielo de medianoche” George Clooney se ocupa de avisar al espectador que vendrán tiempos peores. Esta odisea espacial de Netflix, dirigida y protagonizada por Clooney, nos lleva al año 2049, donde todo es tan catastrófico que uno de los primeros diálogos es la siguiente reflexión: “Tal vez el único hombre que sobreviva a la raza humana sea un enfermo terminal”. Ese enfermo justamente es Clooney, quien por su dolencia decide no unirse a la evacuación de todo el personal de una base científica en el Ártico. Ya desde el principio, el film se toma muy en serio y no explica los detalles de este apocalipsis al que solo se menciona como “el evento”. Irónicamente, el protagonista es una eminencia en la ciencia que dedicó su vida a encontrar mundos habitables en el cosmos para salvar a los terrícolas. La intención del sabio barbado -todo un Papá Noel distópico- es ser de utilidad a una misión espacial que fue a una luna de Júpiter posiblemente habitable, siguiendo sus teorías, para avisarles que mejor no regresen a la Tierra. Es difícil restablecer

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las comunicaciones con los astronautas que vuelven sin sospechar que nadie los espera en casa y deberían regresar al lugar de donde vinieron.

Las casi dos horas de “Cielo de medianoche” intercalan las penurias de Clooney junto a una niña olvidada en la evacuación, con las desgracias de los astronautas que andan dando vueltas por el sistema solar en una nave que tiene un diseño bastante pedestre (el ultrabarato set de la vieja serie “Star Trek” era mucho mejor, y no se puede creer el perchero de donde cuelgan los trajes espaciales), Pero también hay un tercer hilo narrativo, donde el joven personaje de Clooney renuncia a su vida personal para darlo todo por la ciencia.

“Cielo de medianoche” no esta del todo mal, salvo estos flashbacks imposibles donde el protagonista joven está encarnado por otro actor, nada menos que el nieto de Gregory Peck, que no encaja con Clooney en absoluto. Pero aun olvidando estos flashbacks, la película se pasa en sus gruesos toques melodramáticos, que provocan que hasta la música de Alexandre Desplat por momentos resulte pesada (por suerte hacia el final lo dejaron hacer lo suyo). Hay un par de escenas logradas, como la caminata espacial con fondo musical de Neil Diamond, unos de los escasos toques simpáticos en medio de tanta mala pata universal. Los diseños de la nave espacial no son gran cosa, pero las mejores imágenes son las de la odisea ártica del protagonista y la nena muda. Las actuaciones de los cosmonautas Felicity Jones, Demian Bichir y David Oyelowo son buenas, igual que la de la niña Caoilinn Springall, que se roba cada escena –y en todas esta junto al director y protagonista, que debería haber recordado el lema de que no hay que actuar junto a niños ni animalitos.

“Cielo de medianoche” podría haber salido mejor, lo mismo que le pasó a Clooney cuando fue al espacio en la remake de “Solaris” de Tarkovsky que dirigió Soderbergh. Pero igual seguro es gran candidata al Oscar. Es que este 2020 no deja mucho para elegir, y además, a un sufrido galán maduro que encarna a un enfermo terminal que quiere salvar a la humanidad nunca se le niega una estatuilla.

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