Gastón Pauls
en «Iluminados
por el fuego»:
el guión
(donde
colaboró
Miguel
Bonasso) pasa
por alto la
religiosidad y
la valentía de
muchos
militares, que
sí están en el
libro original.
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Y luego las rápidas tomas de la enfermería, cámara en mano, afiebrantes. Y el descanso junto a un baldío, donde alguien encuentra una pelota y enseguida arman un picadito, ponen los cascos como arcos, vuelven a ser chicos. Ahora se estrena la película completa. Aquel anticipo representaba apenas el final de la batalla de Monte Longdon, ya en pleno día. Pero esa batalla había comenzado en medio de la noche. Impresiona ver su escenificación, con la cámara deslizándose desde un caballo agonizando junto a unos cuerpos amontonados, que no sabemos si es de gente viva o muerta, cámara que más tarde se alza en una panorámica permitiendo ver toda la extensión del campo, con los grupos que se desplazan en medio de la confusión, los zumbidos constantes de las balas, que pasan como fuegos artificiales mal orientados, y los gritos desgarradores de los heridos y los acobardados, totalmente iluminados por las bengalas del enemigo y los disparos de sus propias armas. Esa gente tenía, como promedio, 19 años de edad.
La reproducción es exacta, dicen muchos veteranos, que también ponderan varias otras escenas de fuerte nerviosismo, sobre todo para los argentinos, cualquiera sea su edad y posición ante la guerra y el servicio militar obligatorio que había entonces. Es de destacar el esfuerzo de
Doble mérito, entonces, el de esta nueva película. Recuérdese además nuestra falta de tradición en el género bélico. Hasta ahora, como momentos de gran despliegue histórico, solo podían mencionarse las breves panorámicas de
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