La familia completa: Pablo, Lulú, Jerónimo, Olivia y Juana.
"Los tres fueron concebidos el mismo día, en realidad, es como si fueran trillizos". Aunque se trata del principio de la historia, así finaliza la conversación con ámbito.com Pablo Massone, autor del libro "Casa alquilada", donde cuenta la experiencia que vivió junto a su mujer a la hora de decidir ser padres. Primero, vía inseminación artificial; luego, vía alquiler de vientre.
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Antes de casarse, la pareja confirmó que tener hijos iba a ser, por lo menos, complicado. "El médico nos aseguró: 'Olvídense de tener un hijo, por lo menos, naturalmente'. Y ahí pensé: 'Veremos qué se hace'. No era que no lo sospecháramos. Mi mujer tuvo síndrome urémico hemolítico, o sea que sabíamos que era difícil. Al tener insuficiencia renal, el bebé no llegaba a término, porque requiere mucho esfuerzo de los riñones", sostuvo Massone.
El autor comentó que ante la certeza, Lulú le dio la libertad de seguir o no con la boda: "Me dijo que si no quería casarme con ella por eso, estaba todo bien. Pero le respondí: 'Yo me estoy casando con vos, no con tus hijos'. Y así comenzó el camino que decidieron recorrer hasta convertirse en el papá y la mamá de Jerónimo, de 6 años y Juana y Olivia, de 2.
"Nunca nos resignamos a no tener hijos. Primero empezamos a averiguar cómo era el tema de la adopción. Luego de un par de años los análisis le dieron mucho mejor y mi mujer le dijo al médico que quería quedar embarazada. Él dijo que no la apoyaba pero que la iba a mantener bien vigilada. Ahí empezó a correr el relojito de arena, porque para eso ella tenía que dejar su medicación. Probamos naturalmente una vez y al mes siguiente tomamos la decisión de ir por la inseminación".
Su primer hijo llegó tras atravesar una lucha difícil: "La inseminación prendió después de seis meses, que fueron cuatro meses comunes, un mes en cama en casa y un mes hospitalizada. Jerónimo nació con 28 semanas y un kilo y estuvo tres meses y un día internado". Y después del primogénito, se desató un nuevo dilema: "A partir del nacimiento de Jero y cuando pasaron los años, pensamos en que nos habían quedado dos embriones congelados. Un buen día apareció mi mujer con la idea del alquiler de vientre. Primero le dije que estaba loca, que era ilegal. A las semanas siguientes volvió con todo averiguado".
Como este método no puede realizarse en Argentina, la pareja pensó en Miami o California. "Yo viajo a Estados Unidos una vez por año por trabajo. Fui primero a conocer la institución para que nos cuenten el tema del alquiler, el tema con las madres, y después viajó mi mujer", mencionó Massone, quien agregó que el proceso que siguió fue "convencer al doctor de usar los embriones que teníamos en Argentina porque pasar por otro proceso así no era aconsejable para mi mujer".
"Después empezaron las entrevistas con las madres. Uno cree que uno solo es el que elige, pero es un tema de ida y vuelta, ella también te tiene que elegir a vos. Hay muchas personas que ofrecen el vientre pero no están dispuestas a un embarazo múltiple, así que a esas ya las descartábamos. Nos pasó que nos guste y que la mujer no nos eligiera. Luego apareció la que finalmente fue la que elegimos y nos eligió. Tenemos un excelente vínculo con ella, mantenemos contacto y seguimos una muy buena relación".
El autor relató que los días cercanos al parto los compartieron con la madre de alquiler: "Quince días antes de que nazca llegamos a Estados Unidos. Varias veces salimos con el bolsito pensando que ya llegaban las mellizas pero no. Hasta que rompió bolsa y fuimos al hospital. Durante el parto, yo por un tema de pudor permanecí afuera y mi mujer adentro". Respecto a la sensación del momento, la descripción fue contundente: "Si le preguntás a mi mujer te dice que pujó con ella, lo sintió como un parto más".
El padre de Jerónimo, Juana y Olivia destacó su experiencia convencido de las decisiones que tomó junto a su esposa y finalizó: "Hoy lo vivo como una aventura que elegiría mil veces".
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