"Johnny y June: pasión y locura"

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«Johnny y June: Pasión y locura» («Walk the line», EE.UU., 2005, habl. en inglés) Dir: J. Mangold. Int: J. Phoenix, R. Witherspoon, G. Goodwin, R. Patrick.

Se puede decir que esta biografía cinematográfica se saltea algunos de los momentos más oscuros de la vida del «hombre de negro», Johnny Cash. Sin embargo, siendo casi todo el film un largo racconto que transcurre en la cabeza del cantante, comprobando el filo de una sierra ensimismado, mientras en el escenario de la carcel de Folsom su banda ya está tocando y los presos se ponen más y más excitados, no puede definírsela de producto light.

Es de lo mejor que se ha hecho recientemente en el estilo de los viejos melodramas hollywoodenses, esos que no permitían como título otra cosa que no fuera «The Johnny Cash Story». Eso sí sería una pesadilla, mientras que esta historia de Cash y su difícil, tortuoso pero finalmente feliz y duradero amor con June Carter, tiene la dosis exacta de risas y lágrimas como para conquistar a los miembros de la Academia y a todo premio que le pongan delante, sin subestimar al público indiferente a estos asuntos. Y sobre todo, sin dejar de enriquecer la memoria de Cash y de su vasta obra, algo difícil de lograr sin caer en una sobredosis de canciones, algo que este excelente film no hace.

El director
James Mangold, capaz de pasar de un género a otro sin problema (se lo puede recordar por el psychothriller «Identidad») se decidió por un estilo minimalista tanto en lo formal como en lo narrativo. La película esta soberbiamente filmada en un tono sencillo y ascético que, por ejemplo, impide que el espectador vaya a distraerse por algún recurso visual que lo saque de la historia, contada en forma tan directa como una buena biografía del Hollywood de los años '50 (época en la que transcurre la mayor parte de la acción).

Las actuaciones de
Joaquin Phoenix y Reese Whiterspoon ayudan a que Cash y Carter se proyecten en la pantalla de un modo contundente, algo difícil de hacer cuando cantaban sus célebres duetos vocales, pero mucho más cuando se los muestra en medio de sus complejas vidas privadas, delirantes hasta lo surrealista, empezando por la caminata de Cash de un pueblo a otro porque ningún banco le cambia el cheque de 24 mil dólares de sus regalías.

En medio de la negrura de la tenacidad de
Johnny hay colorido, empezando por la presencia de figuras como Elvis, Jerry Lee Lewis y Roy Orbison, o el productor Sam Phillips, y la descripciòn del nacimiento del rock & roll (que obviamente incluia el country sin que nadie se detenga demasiado a analizar los diferentes estilos). Menos colorido es el terrible padre de Cash, una composición imperdible de aquel Terminator malo, Robert Patrick.

La música no tiene desperdicio, y justamente otro punto a favor de la película es que en más de dos horas de duración, no sólo no sature sino que se salga del cine queriendo escuchar más
Johnny Cash y June Carter.

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