Además de guionista (como en la notable «París, Texas»), Sam Shepard también protagoniza
«La búsqueda», con su mujer real Jessica Lange, además, lo que le quita autenticidad
a la historia.
«La búsqueda» (Don't Come Knocking, Alemania-EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: W. Wenders. Int.: S. Shepard, J. Lange, T. Roth, G. Mann, S. Polley, F. Balk, E. M. Saint, G. Kennedy.
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Veinte años atrás, Sam Shepard le enseñó a Wim Wenders a ver de una manera diferente la vida en los Estados Unidos concentrándose en la tierra natal del actor, limitado solamente a guionista en la legendaria «Paris, Texas». Esa película triste, dueña de climas únicos y de una banda sonora de Ry Cooder que sigue siendo uno de las más imitadas de las últimas décadas es una demostración perfecta de que el cine es un trabajo en equipo.
Pero ahora al equipo de «Paris, Texas» le faltan jugadores, y le sobran detalles. Este nuevo film escrito por Shepard y filmado por Wenders, que cuenta una historia vagamente similar sobre un largo desencuentro familiar no debería ni ser mencionado en relación al original. Si se bloquea el recuerdo de «Paris, Texas» -o si simplemente no se conoce ese film- se puede empezar a disfrutar de algunas cualidades de esta comedia dramática del camino, con un gran escollo principal: la falta de autenticidad de muchas situaciones, empezando por el resorte dramático que inicia la trama.
El maduro protagonista de una película aprovecha un gran plano general para huir dejando plantado el rodaje. El cowboy con crisis de identidad -ojo, no tanto como los de «Secreto en la montaña»- anda dando tumbos hasta llegar a lo de su mamá (una sorprendente Eva Marie Saint), que le señala una olvidada paternidad durante la filmación de su western más famoso. Perseguido por el agente de la empresa de seguros de la producción que plantó (Tim Roth), el antihéroe intenta reencontrar a la familia que ni sabía que tenía.
Con un verdadero vaquero del cine como Clint Eastwood, «La búsqueda» podría dar en el blanco, pero el hecho de que el mismo escritor cubra el rol principal no ayuda mucho. Shepard luce más cómodo como un borracho marginal sentado día y noche en un sofá arrojado en medio de la calle que haciéndose el superastro que hace estragos por doquier intentando mantenerse del incógnito.
Jessica Lange, su mujer en la vida real, es la madre abandonada de su hijo olvidado. Esto no ayuda precisamente a a la naturalidad de la principal escena entre ambos, y el hecho de que el bar de pueblo donde ella trabaja tenga el poster del famoso western, sin que nadie sospeche la identidad del padre perdido, atenta seriamente contra la posibilidad de tomarse en serio los momentos más dramáticos.
Sobra autoindulgencia general, pero hay muy lindas escenas con Eva Marie Saint, un ritmo extraño que por suerte se acelera cuando está por exasperar, creando un raro suspenso, mucha ironía y bastante sentido del humor. Y por sobre todo, hay imágenes atractivas al mejor estilo Wenders que salvan los momentos más flojos de una película que debería ser mucho mejor, pero que no está tan mal como para que no se le pueda echar un vistazo.
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