La restauración del Teatro Bolshoi comenzó el año pasado con financiación a cargo
del Estado, que hoy acusa un déficit de 160 millones de euros, por lo que muchos
consideran que recién podrá reabrirse dentro de 10 años.
Moscú - El Teatro Bolshoi, uno de los monumentos más destacados de Moscú, parece ahora un inmenso emplazamiento en obras. Casi un año después de su cierre por reformas, está al borde del colapso y la zona en la que se encuentra, a dos minutos a pie de la Plaza Roja y del Kremlin, parece un pueblo fantasma. La espectacular fuente de mármol está apagada y el aire cargado de polvo resulta sofocante. El sonido de un taladro solitario se ahoga bajo el estruendo de los jóvenes con sus «skateboards» y sus camperas con capucha, que aprovechan el espacio vacío. Las destartaladas casetas desmontables resisten junto a la entrada del New Stage, un segundo teatro que abrió hace seis años como complemento al original de 180 años de antigüedad, y que ahora funciona como sustituto de urgencia.
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Es ahí y en el Kremlin Place donde continúan representándose las producciones de ópera y ballet, pero con una capacidad inmensamente más reducida: el segundo teatro cuenta con 800 butacas (el original tenía 2.000) y los actores se quejan de la falta de lugares de ensayo y camarines.
Dentro del Bolshoi (que significa grande), la totalidad del espacio ha sido vaciado, pero lo más decepcionante es la desaparición de los famosos gatos asilvestrados del teatro: solían vivir bajo el escenario, y el aroma, o «zapakh» distintivo del Bolshoi, era ya una broma privada entre cantantes y bailarines.
Abriéndose camino a través de los escombros, Lyuba Bushueva, representante de Roscultura, la organización estatal a cargo de los trabajos de reforma, explica: «El trabajo de los expertos es mantenerlo todo, tanto en el interior como en el exterior. Se está restaurando cada elemento para dejarlo tal como estaba en el siglo XIX. Se están importando cantidades inmensas de escarabajos secos de Sudamérica, como se hizo hace 200 años, para teñir el terciopelo de los asientos con su color frambuesa original».
El Bolshoi lleva años amenazando con desintegrarse. El teatro original se construyó entre 1821 y 1825, pero un incendio provocó su destrucción, y su posterior reconstrucción, en 1853. «En 1920, el edificio comenzó a temblar durante una representación», recuerda Bushueva. « Resolvieron el problema con una base de hormigón debajo del suelo, solución que afectó a la acústica».
En 2002 se descubrió una bomba de la II Guerra Mundial bajo una de las entradas del teatro. Pero hasta el cierre del año pasado, nadie se había dado cuenta de que los cimientos se habían hundido 20 centímetros, y ciertas áreas de ladrillos se desmenuzaron en cuanto los restauradores las tocaron.
La acústica sigue siendo la preocupación principal, además de la causa de que el teatro no pueda reconstruirse desde cero. La madera utilizada para el escenario, los asientos, los balcones y los marcos, de más de 150 años de antigüedad, tiene, según los rusos, una «resonancia extraordinaria». Y no se arriesgarán a perder esta excelente cualidad, a pesar de las dificultades y el peligro.
«La totalidad de la restauración se reduce a una batalla entre seguridad y acústica», explica Bushueva.
Uno de los palcos, cercano al palco del zar central (ahora de Putin) ha sido restaurado para las representaciones. Pero tras un año de obras, sólo esta zona de un metro de ancho está terminada: queda todavía la totalidad del edificio, y menos de dos años para terminarlo.
Los rumores sobre el destino del teatro inundan todo Moscú. El marido de una asidua al teatro, un antiguo oficial de la KGB que suele apoyar todas y cada una de las decisiones de Putin, dice: «El presidente es de San Petersburgo, y siempre se inclinará por el Mariinsky» (famoso rival del Bolshoi en esa ciudad, antes conocido como el Kirov). «El Bolshoi ya está muerto, y todo Moscú lo sabe».
La financiación de la renovación sale del Estado y en la actualidad existe un déficit de 5.500 millones de rublos (unos 160 millones de euros). Aunque Roscultura insiste en que el teatro puede ser reabierto y mantenido sin ayuda, en febrero el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, consciente de los problemas de los costosos proyectos de renovación, renunció al consejo de administración del Bolshoi alegando lo siguiente: «No estoy de acuerdo con el marco temporal establecido para la renovación del teatro».
Hay quien cree que la reconstrucción podría tardar unos 10 años, pero para los bailarines, incluso en el mejor de los casos, tres años es demasiado tiempo. Para cuando se reabra el Bolshoi, muchas de las estrellas habrán pasado el pico más alto de sus carreras. La sesión veraniega ampliada del Bolshoi en el Covent Garden, del 25 de julio al 19 de agosto, constituyó un ejercicio fascinante pero ambiguo.
En el lanzamiento londinense, Alexei Ratmansky, director del ballet, afirmó que el Covent Garden era su «escenario favorito, después del Bolshoi». Los rusos pueden asistir a las representaciones del ballet en Moscú, sólo que en un edificio mucho más pequeño. «Yo no diría que nos entristece el cierre del teatro, sino que estamos en una fase previa a su poderoso desarrollo», pone algo de optimismo Anatoly Iksanov, director de la institución.
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