Cuando la actual formación de Deep Purple acomete uno de sus temas buenos, con énfasis especial en discos como «In Rock», la calidad (y la respuesta del público) es explosiva.
Actuación de «Deep Purple». Ian Gillan (voz), Roger Glover (bajo), Steve Morse (guitarra), Ian Paice (batería). Don Airey (teclados).
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En principio, la idea de escuchar un show de Deep Purple sin la guitarra de Richie Blackmore ni el órgano Hammond de Jon Lord no suena tan contundente como las tres notas repetidas de «Smoke on the Water». Sin embargo, la presentación que la banda ofreció anteanoche en Buenos Aires no sólo conformó sobremanera a las cuatro generaciones de varones metaleros que se apiñaron como sardinas en el Luna Park, acompañados por unas pocas chicas audaces, sino que en verdad tuvo algunos picos de fuerza rockera impresionante, tal como se debería esperar de una leyenda del rock pesado.
El público argentino que vio anteriores presentaciones de las ultimas formaciones de Deep Purple ya tiene claro que la única ventaja de tener en escena al técnico virtuoso %light Steve Morse, en lugar del obsesivo viejo lobo de rock Richie Blackmore es la moderación, la duración y cantidad de solos de guitarra diseñados con el único fin de satisfacer la auteoestima del líder de la guitarra metalera, estilo seventies, luego amo y señor de bandas menores como Rainbow, donde se llegaron a contar 16 sólos de guitarra promedio por concierto.
En cambio lo sorprendente es el sonido perfecto y el buen gusto del tecladista Don Airey, que escondido detras de sus instrumentos podría pasar perfectamente por un Jon Lord en plena forma, tanto en el protagonismo de cada una de sus intervenciones, y especialmente por el rigor del sonido vintage, que por momentos recuperaba a la perfección la crudeza del furioso órgano de Lord en los buenos viejos tiempos pre «Machine Head», en los que el rock pesado se combinaba con psicodélicas formas sinfónicas con las que solían culminar los shows de Deep Purple, con improvisaciones menos previsibles que el eterno bis de las tres décadas siguientes. «Humo sobre el agua».
La banda parece no sufrir ningun trauma por la condena eterna de saber que están obligados a tocar su hit si quiere hacer de sus giras un negocio seguro. Tampoco se preocupa mucho por el aspecto estético de sus conciertos: basta decir que un climax visual es bañar el escenario de luces púrpuras.
Tampoco les da la más la mínima vergüenza preparar absurdos momentos solistas de los miembros no originales de la banda, de tal manera que los veteranos Gillan y Glover puedan tomarse un largo recreo, cada dos por tres, para cosas totalmente innecesarias como covers de Guns'n Roses a cargo de la guitarra de Morse.
Pero salvo estas pausas indecorosas, generalmente precedidas por verborrágicas presentaciones del eficaz cantante y actual lider, Ian Gillan, lo cierto es que cuando esta formación de Deep Purple encara uno de sus temas buenos, con énfasis especial en discos como «In Rock», la explosión hard es imparable. «Pictures of Home», «Highway Star», «Speed King», «Into the fire» o «Hush» dan una buena idea de lo que debe ser el rock pesado en vivo, sin concesiones modernas que moderen la esencia «troglodita» de los supergrupos de la década de 1970.
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