27 de enero 2006 - 00:00
"La pasión en Chejov no sale a borbotones"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
A más de diez años de su celebrada versión de «Hombre de
la Esquina Rosada» de Borges, la directora adaptó ahora
uno de los cuentos más famosos de Anton Chejov.
Mónica Viñao: En todas sus obras uno tiene la sensación de que antes de que comience la acción pasaron muchas cosas de las que uno no se va a enterar y tampoco va a saber cómo terminarán los conflictos planteados en escena. Como dice Harold Bloom, Chejov es el poeta de la vida no vivida. Hay un gran apasionamiento en sus obras, pero éste no aparece a borbotones, hay que descubrirlo en el fluir y en la melodía de sus textos, en los secretos que éstos ocultan.
P.: ¿En qué consistió su adaptación?
M.V.: Yo me propuse respetar la historia del cuento y su final abierto y enigmático. Lo que hice fue rescatar a dos personajes -el marido de Ana y la esposa de Gustavo- y darles más espacio dentro de la obra, sin inventar diálogos donde no los hay, tomando solamente los elementos que surgíandel texto narrativo. Para ello incluí varios soliloquios porque este cuento tiene que ver básicamente con la vida secreta que lleva cada uno. Lo que Chejov parece querer decirnos es que aquello que en verdad somos es algo que siempre permanecerá oculto a los ojos de los demás.
P.: ¿Y usted qué quiso decir?
M.V.: Dejé de lado toda mirada psicologista para poner el foco en el desequilibrio y desorden que provoca la relación de Ana y Gustavo en la vida de estos cuatro personajes, no en su desenlace. Para mí la intención de Chejov fue iluminar esa zona del conflicto amoroso sin buscarle una resolución, porque eso hubiera sido banalizarla.
P.: Entonces, usted tampoco aclara si Ana y Gustavo se atreverán finalmente a estar juntos...
M.V.: En realidad no importa lo que les pueda pasar después, sino lo que les pasa ahora cuando la vida irrumpe de esa forma inesperada. No buscamos las causas de porque ellos se enamoran y tampoco es una cuestión de víctimas y victimarios. No se deja de amar de alguien porque éste sea feo, malo, rígido o tonto, la vida no es tan simple. Ana no huye de un matrimonio tortuoso, pero cuando se enamora perdidamente de Gustavo cree que eso la va a hacer sentir plena y feliz, pero su insatisfacción sigue firme por otros motivos, ella no deja de sufrir, como ocurre con casi todos los personajes de Chejov.
M.V.: Digamos que él no creía que el amor brindara felicidad, porque no creía en ella, más bien pensaba que no hemos venido al mundo para ser felices sino para hacer el bien.
Entrevista de Patricia Espinosa




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