"El artista es esclavo de su público". Fabio Lacolla es contundente. Debido a que por su consultorio pasaron varias figuras reconocidas de la escena local se lo conoce como "el psicólogo del rock". Acaba de editar "Estar en banda", un libro en el que responde varias de las preguntas que giran en derredor al imaginario popular que envuelve al músico. Y es que, al fin y al cabo, el rock también hace diván.
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Para empezar, Lacolla se aleja del rock para situar un ejemplo de cómo se invirtieron los roles en el mundo de la música. "Está el caso de 'Despacito', una canción que fue secuestrada por las redes sociales -explica el autor-. Algo así como si se llevan a tu hijo y le hacen cualquier cosa. Pero en la actualidad, es la única forma de goce que tiene la gente".
Periodista: ¿El avance tecnológico atenta contra el rock?
Fabio Lacolla: Se perdió la grupalidad. La individualidad le terminó ganando a la colectividad. El público está más cerca del músico a través de las redes. Pero el músico que está bien arriba, no te contesta. Mientras que el que está en decadencia, te escribe a vos. Y me parece que está bien que haya una cierta distancia. Si yo veo que todo lo que haces en el escenario, lo puedo hacer yo, se pierden las garantías. En el último disco de Ciro y Los Persas hay una canción en la que Ciro canta sobre la hija que se fue de casa. Y no me gustó. Da cuenta de que tiene una hija grande. Y la chochera no le queda bien al rock. Escribirle al nido vacío es de Raúl Porchetto o de Franco de Vita.
P.: ¿Qué pasa cuando un músico no obtiene popularidad?
F.L.: Tiene que empezar a producir actos para ser visto. Como Chano, al que se le acabó la nafta. Qué espera la gente hoy de Chano: ¿un nuevo disco o un nuevo choque?
P.:¿Un choque?
F.L.: Claro. Si hoy saca un disco que te parte el cráneo te olvidás de los choques. Pero no sucede. Si Spinetta chocaba, no te importaba. Al otro día te hacía "Alma de diamante" y nadie más hablaba del otro conflicto.
P.: ¿Cómo lo ves a Charly García?
F.L.: El Charly travieso apareció cuando se le acabó la genialidad compositiva. No pudo tolerar eso. Pero después se calmó y siguió adelante con su carrera.
P.: Pity Álvarez es otro caso dentro del rock. Ahora se está recuperando tras un choque en el que sufrió múltiples fracturas.
F.L.: Lo mismo. ¿Cómo se prepara un músico para cuando se seca? Para eso estoy yo.
P.: ¿Hablás de retiro?
F.L.: Es que no existe eso en el rock. Echémosle la culpa a Bob Dylan, pero lo cierto es que hay millones de músicos retirados. Jimmy Page por nombrarte uno. El músico no está preparado para el éxito. Y una vez que lo tiene, no está preparado para el olvido. Muchos músicos son maniacos depresivos.
P.: ¿Hay un fenómeno psicológico detrás del éxito del Indio?
F.L.: Hay algo mesiánico. Creo que cuando escribió "Nuestro amo juega al esclavo", fue una premonición. La épica no está en la cantidad, sino en la calidad. Los músicos son presos de hacer de su ausencia una presencia.
P.: ¿El rockero de hoy tiene otra mentalidad?
F.L.: Es más solitario. El estereotipo de músico está más informado, tiene más herramientas. Pero lo que rompe con todo es la creatividad. Y a la gente le sigue gustando descubrir, pero el músico debe discriminar al público posta y al artificial. Para el ficticio hay una estrategia, para lo real es lo artesanal.
P.: ¿Qué quedó de aquello de sexo, drogas y rock and roll?
F.L.: Hoy el rock es porno, veganismo y Spotify. Lo pornográfico del asunto es la distancia. Para consumirlo ya no hay que estar ahí. Se logra a través del pulgar. Desde tu casa. Se perdió la oportunidad de unirse y hacer una catarsis colectiva. Por eso hoy el músico está maniatado. Fijate que en las bandas hasta se perdió el asado. Se mandan los temas por whatsapp.
P.: El rock objetivó a la mujer durante muchos años. ¿El músico piensa en lo que puede generar una letra?
F.L.: El respeto por la mujer de hoy es una impostura. No hay una conciencia natural de eso. Entonces se les escapa. Café Tacuba tuvo que dejar de hacer "Ingrata", una canción que los catapultó. Ya no se pueden hacer canciones como "La Bifurcada" y Pappo no podría ni hablar. Es algo que quizá obliga al músico a ser más poético, pero sigue siendo el público el que le dicta al artista lo que tiene que decir. Los nuevos grandes artistas van a hablar de 'Ni una menos'. La cagada es que el sentido del humor pasó a estar cercenado.
P.: ¿En qué sentido?
F.L.: Se perdió la línea gruesa que había entre la fantasía y la realidad. La gente pide que cantes lo que diría una persona, y no un artista. Se está matando la metáfora. Si digo que quiero comerme un ladrillo, paso a ser un psicótico. Las canciones van a terminar siendo: 'Hoy fui a Metrogás y pagué la boleta'. Y no sé si está bueno.
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