Cosima Lange y Nina Klingen: directora y productora
de «Chamamé», una mirada alemana sobre la música litoraleña.
Delgaditas, alegres y hablando un entusiasta español de vasto vocabulario, la directora Cosima Lange y la productora Nina Klingen, ambas alemanas, tienen unos nombres que suenan como campanitas. Y han hecho un documental sobre música. Pero no de campanas, sino de acordeón, guitarra, y lejanos sapucays. Se trata de «Chamamé», que presentaron en el 7º Festival de Cine Alemán, y que ahora llevan de gira por las provincias litoraleñas. Klingen, curiosamente, es también la productora de un pequeño film alemán de reciente estreno, « Requiem», sobre exorcismos, nada más lejano del que la trajo ahora aquí. Dialogamos con ellas.
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Periodista: Se impone la pregunta. ¿Cómo se entusiasmaron con la música litoral?
Cosima Lange (directora): La escuché hace cinco años en casa de una amiga, y me tocó mi corazón porque es muy melancólica y también con mucha vida. Me encanta que tenga sonidos tan variados, a diferencia del acordeón en Alemania, donde es muy popular, pero parece que suena siempre lo mismo. Además, antes que una música el chamamé es una manera de vivir. La gente vive junto a su instrumento.
Nina Klingen (productora): Después de enamorarnos del chamamé tuvimos la posibilidad de venir. Viajamos cuatro semanas por el noreste. Y después estuvimos tres meses con el equipo de filmación, registrando a Chango Spasiuk, Monchito Merlo y su hijo, Alberto Bofill, Gicela Méndez Ribeiro, todos muy diferentes entre sí. Juntamos muy lindo material. La edición nos llevó cinco meses.
C.L.: Noventa horas de material Y mucha bailanta, mucho viaje, mucho alcohol, mucho asado. ¡Tremendo trabajo!
N.K.: Y muchas canciones. ¡Tuve que buscar los derechos de 43 temas! A veces era difícil, porque los músicos no sabían quién tenía los derechos. No sé cuánto me costó finalmente, pero no fue demasiado, porque sigue siendo un film de bajo presupuesto.
P.: Pero tiene una fotografía de lujo, muy superior a la de cualquier otro documental.
C.L.: Exactamente. Era muy importante que las imágenes fueran tan poéticas como la música, y también tengn esa inmensidad, ese ritmo amplio, despacioso. Marcus Winterbauer, el director de fotografía, es muy apreciado en Alemania.
P.: ¿Ya la mostraron por allá?
C.L.: Y por otros países. Seguro mucha gente no conoce, pero es increíble la respuesta. En la India la gente, sobre todo hombres, se emocionaban, porque eran temas de sentimientos, que hablan de la mujer y la madre. En Alemania, muchos impresionados de ver gente tan abierta, generosa, con valores universales de amor, respeto, esperanza en la vida, que los europeos estamos perdiendo. Es bueno que la película sirva también en ese sentido, no solo de difusión musical.
P.: ¿Y ahora?
C.L.: Ahora vamos a mostrarla en los lugares donde filmamos, desde Rosario hasta Resistencia, Corrientes, Paso de los Libres, Mburucuyá, Iguazú, que ellos mismos se vean. Después más adelante volvemos a la India, para filmar la vida en una ciudad del futuro donde conviven personas de 41 países diferentes, tratando de crear una unidad. Además, están por filmar un guión mío, para una historia romántica de ciencia-ficción, con una persona que vive en una ciudad moderna superprotegida y otra que vive afuera, en la polución, y tratan de unirse fuera de la ciudad, fuera de tanta vigilancia. Ese es mi tema. Vamos a ver qué pasa.
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