Las convincentes actuaciones de Víctor Laplace y Catherine Fulop sostienen esta versión de la comedia de Willy Russell, a cuya puesta le faltan ritmo y vigor, sobre todo al inicio.
«Educando a Rita» de W. Russell. Versión: D. Mañas. Int.: V. Laplace, C. Fulop. Dir., Esc., Vest., Ilum.: E. Zanetti. (Teatro «Picadilly».)
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¿Qué razones llevan a una peluquera de barrio a querer convertirse en una persona culta? Rita no lo sabe muy bien, sus ansias de conocimiento se confunden con cierta idealización del ambiente universitario y con su necesidad de dejar atrás una vida mediocre y un marido posesivo que la presiona para que le dé hijos y sea una buena ama de casa.
Angustiada por una creciente sensación de vacío, la protagonista de «Educando a Rita» encuentra refugio en un programa educativo para estudiantes no universitarios. Rita quiere hablar como un catedrático, saber elegir un buen vino, disfrutar de la buena literatura y practicar otros pasatiempos que el de ir a bares con karaoke.
Digamos que su noción de cultura está llena de clichés, pero al menos hay en ella una ávida lectora dispuesta a mejorar su nivel intelectual.
Lo paradójico del caso es que su tutor en Literatura Comparada -el descalabrado profesor Fleming-es un hombre que perdió todo entusiasmo por la actividad académica y la creación literaria y que, desde hace un tiempo, se empeña en rechazar todo aquello que Rita admira: el ambiente universitario, el discurso inteligente de los académicos, los gustos y la cultura de la clase alta.
A diferencia de su colega Higgins ( protagonista de «Pigmalion», la obra de George Bernard Shaw que inspiró esta comedia) a Fleming lo subleva que su alumna, una mujer cien por ciento auténtica, vital y sensible, le dé tanta importancia a la cultura. Pero está tan fascinado con ella que decide tomarla bajo su guía, tratando de hacerle entender que la formación académica sirve de muy poco si uno no desarrolla un criterio propio. El conflicto estalla, justamente, cuando Rita comienza a valerse por sí misma y a relacionarse con varios estudiantes y profesores, mientras Fleming se comporta como un marido irritable y celoso.
Ambientada en una antigua Universidad de arquitectura neogótica, la puesta de Eugenio Zanetti pone el acento en el vínculo afectivo de los protagonistas y en ciertos rasgos de conducta (el alcoholismo de él, la verborragia de ella) que a lo largo de la obra sufrirán constantes vaivenes.
La historia está narrada de manera episódica, con infaltables apagones entre escena y escena, lo que hace que la acción pierda ritmo y vigor sobre todo al comienzo, cuando todavía no ha estallado el conflicto. De todas maneras, las actuaciones de Víctor Laplace ( convincente en su rol de bebedor y cascarrabias) y de Catherine Fulop, que aporta la dosis de ternura e inocencia que pide Rita, garantizan al espectador un sensible acercamiento a esta simpática comedia de Willy Russell, el autor de «Yo amo a Shirley Valentine».
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