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11 de septiembre 2007 - 00:00

Lavalle une géneros con riesgo y aciertos

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En «La pena golfa», Maria Lavalle busca fusionar tango y fado, y en esa búsqueda (no siempre con los mejores resultados) reside lo más valioso de su espectáculo.
Presentación de «La pena golfa». Actuación de María Lavalle (voz). Con Osvaldo Berlinghieri (piano, dir. Musical), Carlos Corrales (bandoneón), Daniel Falasca (contrabajo), Luis Ribeiro (guitarra portuguesa) y Lelo Nogueira (guitarra). ( Teatro Margarita Xirgú; 6 y 7 de setiembre.)

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María Lavalle nació en al Argentina y vivió en nuestro país hasta los siete años. Emigró con su familia a Europa y, desde entonces, su residencia pasó por varios lugares: Francia, Portugal, España. Fue en este último país donde inició su trabajo como cantante. En 1994 publicó su primer disco, «Sabotaje», y unos años después, en 1999, «Frutos compartidos», exclusivamente con canciones propias.

Sus últimas búsquedas, en la intención de unir el fado con el tango, dieron como resultado «La pena golfa», que ahora también está presentando en Buenos Aires. La idea, que no siempre encuentra los mismos buenos resultados, es unir dos géneros populares muy representativos, mezclar sus ritmos y sus estilos, y combinar sus expresividades.

La empresa es atractiva y está en esa búsqueda lo más atractivo que hizo en dos conciertos en la histórica sala del Teatro Margarita Xirgú.

También está en la instrumentación y en los músicos elegidos esa yuxtaposición de músicas que tienen más en común que de distancia.

Así, el trío de contrabajo, bandoneón y piano comandado por Osvaldo Berlinghieri comparte el espacio con las guitarras portuguesas de Luis Ribeiro y Lelo Nogueira. El repertorio del disco y de estos conciertos de presentación fue de clásicos de Buenos Aires como «Muchacho», «Como dos extraños», «Madreselva» o «La milonga y yo» a fados, también clásicos, como «Julia florista», «La lágrima», «Que deus me perdoe» o «Negra sombra». Y sumó además algunos temas franceses, como «Padam padam» y «La foule».

Los músicos tuvieron su lucimiento particular: el trío tanguero con «Adiós Nonino» y con un popurrí de temas, y los «fadistas» con una pieza instrumental. Por su parte, Lavalle se lució especialmente con su versión de un fado más moderno -«María Magdalena»-, en castellano, escrito por Carlos Cano y dedicado a la legendaria Amalia Rodríguez.

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