7 de octubre 2020 - 00:00

Antaño, la Macondo de la premio Nobel Olga Tokarczuk

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Hay narradores que establecen un territorio imaginario que van poblando lentamente hasta convertirlo en real. Un recurso que Rabelais, Cervantes, Dante y Shakespeare volvieron clásico. Es el caso de Macondo o de Comala. A esas comarcas de García Márquez y Rulfo, la polaca Olga Tokarczuk ha sumado Antaño. Como suele pasar, para que todo se vuelva legendario, Antaño es una región rural con sus ríos y sus bosques, sus poblados y sus descampados, sus ricos y sus rústicos, el cura, el rabino, el artista, la puta, el forzudo, el tonto del pueblo y campesinas y campesinos, excéntricos y arquetípicos. Al estar instalado in illo tempore, en el “había una vez” de los cuentos, todo es posible, y eso es maravilloso, ofrece lo predecible junto a la magia de lo inesperado.

Las fronteras de Antaño están protegidas por cuatro arcángeles, y Dios –un poco aburrido de los humanos- es un buen contable y revisa los totales del “debe” y del “haber”, eso no supone que dejen de haber los más diversos disfrutes, amor, sexo, violencia, envidia, engaño, robo y otros gozosos pecados. Sí García Márquez contó cien años de la familia Buendía en Macondo, Tokarczuk cuenta ochenta de la familia de Mijaíl y Genowefa, tres generaciones de los Niebieski - Boski, y de muchísimos otros de Antaño. Por caso de la repudiada y deseada Espiga que desafíalos prejuicios e impone su tosca libertad, o el Hombre Malo que la maldad ajena lo lleva a instalare en el bosque y volverse una especie de chupacabras (muy malo es el nazi Kurt), hay zombis, almas en pena que se creen vivas. Hay un rabino que posee un juego que da todas las respuestas y un aristócrata al que lo vuelve ludópata, una vieja loca que dialoga con los animales, y Genowefa que dirige un molino y su marido que se va a la guerra y cuando vuelve trae un molinillo de café que recorrerá toda la historia y será una metáfora de los giros de los ciclos de la vida, de nuestras inexorables rutinas, y que “acaso sea el eje de la realidad en torno al cual todo gira y evoluciona”. Por Antaño pasan dos guerras y sus campos de concentración. Lo invaden cosacos, nazis, comunistas que arrasan el pueblo, violan a las mujeres y se roban lo poco que queda. Todos los seres que importan en Antaño tienen su tiempo, su momento más revelador. Hay musicalmente por 84 tiempos, breves relatos que se van entrecruzando, que son como piezas de un puzle van dejando ver un micromundo, que podría estar en Polonia pero termina estando en nosotros.

Una poesía, por momento estremecedora, encadena la prosa junto a estocadas metafísicas acerca de lo humano. Hay realismo mágico y la magia profunda de los arquetipos y simbolismos jungianos. Con esta tercera novela Olga Tokarczuk alcanzó la fama internacional y la puso en camino de ese Premio Nobel que conquistó en 2018 (concedido el año pasado). Consiga esta novela, busque un lugar cómodo, iluminado, algo para beber, un lápiz a mano y láncese a disfrutar de la gran literatura.

=Olga Tokarczuk “Un lugar llamado Antaño” (Bs. As., Anagrama, 2020, 257 págs.).

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