21 de junio 2021 - 00:00

"Luca": Pixar deconstruye al antiguo Disney

Luca. Una metáfora transparente y didáctica sobre los nuevos tiempos.

Luca. Una metáfora transparente y didáctica sobre los nuevos tiempos.

Luca es un pequeño monstruo marino que vive con su familia en el fondo del mar de la Liguria. Son las aguas que bañan la zona de Italia conocida como Cinque Terre, pero a las que sus padres le prohíben asomar a la superficie pese a lo paradisíaco de sus islas y de la ciudad que allí se alza, Portorosso (deformación de la auténtica Monterosso al Mare). Allí viven los humanos que persiguen y matan a las criaturas de su especie.

Nada tan tentador, pues, para Luca, quien no ve la hora de sacar la cabeza, salir de su closet en el mar, y vivir tranquilamente su vida entre los seres “normales”. Cuando al fin lo hace descubre que, por un extraño sortilegio, su cuerpo escamado se transforma en uno humano, como si la naturaleza ocultara su condición de monstruo y lo protegiera del odio y la intolerancia. Puede andar por allí pero negando su identidad, y aterrado de que cualquier mojadura, salpicadura o baño lo ponga al descubierto, porque el agua delatora le devuelve esa identidad.

Si hasta allí las metáforas del guión son tan transparentes como esas aguas cristalinas, el círculo se completa cuando Luca conoce a Alberto, otro monstruo marino que decidió vivir en la superficie, también oculto bajo apariencia humana. Su nuevo amigo, por quien siente una enorme atracción, lo iniciará en varias cosas, tantas como las que puede mostrar una película de Pixar prohijada por Disney: construir motonetas Vespa, hacer piruetas, observar estrellas tendidos uno junto al otro en la noche de verano.

Si Pixar irrumpió en la animación con fábulas sin moraleja (“Toy Story”), su paulatina identificación con Disney, que lo compró hace 15 años, parecería indicar el camino contrario: con esa misma técnica impecable ahora produce moralejas del siglo XXI con fábulas ad hoc. No era así en los primeros tiempos (“Up”, “Wall-E”), pero “Intensamente” y “Soul”, la inmediata anterior, no dejan dudas. Y “Luca” lo certifica.

No es la primera vez que un film de animación ambientado en el mar discurre sobre la homosexualidad: en “El espantatiburones” (“A Shark Tale”, 2004), de Dreamworks, había un personaje que era el distinto, un encantador pequeño tiburón inofensivo, que no quería matar, que no se identificaba con el resto de los tiburones mafiosos, y que era humillado por ellos. Pero aquel film era una fábula sin moraleja, como las primeras de Pixar; “Luca”, en cambio, es como una conferencia TED ilustrada con gente intolerante y monstruos marinos que luchan por ser aceptados, y que por supuesto terminan lográndolo. Hasta el pescador Massimo, un urso con bigotes a lo Don Nicola que vivía para cazar monstruos, se deconstruye en el final.

La realización, ya se dijo, es formidable: está hecha, además, por un equipo que conoce y ama Italia, y al que se le disculpan ciertos excesos de color local: el “O mio babbino caro” de Puccini, el barco Gelsomina, como Giulietta Masina en “La Strada” (película de la que se ven afiches en las paredes rosas y naranjas); la señora llamada Mastroianni y la foto carnet de Marcello en un espejito de la Vespa, o los trenette al pesto típicos de la Liguria, y otras deliciosas tipicidades.

“Luca” (EE.UU., 2021). Dir.: E. Casarosa. Voces originales: J. Tremblay, J. D. Grazer, E. Berman. (Disney+).

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