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20 de agosto 2008 - 00:00

"Mamma Mia!"

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"Mamma Mia!"
«Mamma mia!» (id., EE.UU.-G.B., 2008; habl.en inglés). Dir.: P. Lloyd. Int.: M. Streep, A. Seyfried, P. Brosnan, S. Skarsgard, C. Firth y otros.

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En estos tiempos de tantas y curiosas investigaciones cuasi-científicas divulgadas por la prensa, del estilo «Quienes comen chocolate suelen vivir dos años y tres semanas más que quienes no lo hacen», o «Los que duermen menos de ocho horas son más sensibles al color verde», todavía falta averiguar qué efectos produce, sobre la mente humana, tararear repetidamente las canciones de Abba.

Es verdad: aun los cultores de Béla Bartok o de Karlheinz Stockhausen podrían descubrirse alguna vez, por la calle, silbando algún tema del grupo sueco (aunque no lo confiesen). No es grave: lo mismo pasaba con las canciones de Palito Ortega. Tal vez estas melodías dulzonas, básicas y machaconas tengan un balsámico efecto de solaz neuronal, algo así como lo que representa, para el tacto, apretar las pelotas flexibles anti-stress.

Pero, cuando esa misma naturaleza dulzona, básica y machacona se traslada a una película musical basada en las canciones de Abba, el cerebro puede llegar a rebelarse. Una cosa es tararear y otra tararearse durante 110 minutos seguidos con la totalidad de «Mamma mia!», la película, donde todos los intérpretes, desde Meryl Streep hasta Pierce Brosnan, parecen actuar, cantar, bailar y decir sus líneas bajo el influjo de una meliflua hada tonta.

¿Había necesidad de tanto? Meryl Streep y amigas cantan, saltan y bailan en « Mamma mia!», a los sones de Abba. Una experiencia difícil.

Ni siquiera estas canciones, tan pegadizas e inocentes, se lo merecían. Porque la película no es ni pegadiza ni inocente: es cargosa, anacrónica y empalagosa, una mezcla del «cine de playa» de los 60 con la comedia casamentera y hasta el policial de enigma, ya que, además, en «Mamma mia!» hay un enigma, cuya resolución no debió haberle interesado ni al guionista.

Sofía, la protagonista joven (Amanda Seyfried), que vive en una isla griega con su madre, la protagonista no tan joven (Streep), va a casarse. Entonces, tras hallar el diario íntimo de la madre de sus meses de embarazo, descubre que tres hombres distintos podrían ser su padre (a quien no conoce, claro). Y los invita a la boda. Esta decisión de Sofía, menos trágica que la otra, «articula» el musical. Concurrenlos tres (Stellan Skarsgard, Brosnan, Colin Firth: una lluvia de cheques de presupuesto). Y cada vez que van a decir algo grave lo interrumpen para cantar, bailar y tirarse al agua. Ni siquiera hay lógica temporal-matemática, ya que la película transcurre en la actualidad (se habla de Internet), pero una de las canciones, que son de fines de los 70, se refiere a «veinte años atrás, durante el flower power», y los números no cierran. No importa. A cantar y bailar hasta el final con la boda, que no sólo al cura deja pasmado por lo que ocurre. Uno podría, para evitar el film, conformarse con escuchar el pegadizo CD con la banda de sonido, pero hay un problema: «Chiquitita» está en la película pero no viene en el disco. Nada es perfecto.

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