4 de noviembre 2008 - 00:00

Maza: personal retórica de signos, letras y números

En algunas obras de Fernando Maza, letras o números parecen signos que han perdidosu referencia y están dispersos sobre la tela como restos de un sentido y un orden que hasido desarticulado.
En algunas obras de Fernando Maza, letras o números parecen signos que han perdido su referencia y están dispersos sobre la tela como restos de un sentido y un orden que ha sido desarticulado.
En Agalma.arte (Libertad 1389) se inaugura la próxima semana una exposición de Fernando Maza.

«Todavía no he averiguado por qué la letra A es matriarcal, por qué el Aleph se conserva tan joven o por qué soy a veces el número siete», son palabras del artista que ha desarrollado en su larga trayectoria una singular retórica de signos, letras y números. «Lo que puede ser mostrado, no puede ser dicho»: palabras de Wittgenstein en su «Tractatus», por las que se podría abordar la obra de Maza. Sus imágenes oscilan en torno de dos polos: el de la representación y el de la reflexión, el de lo figurativo y lo abstracto, el de lo racional y el caos.

La serenidad de sus paisajes está inmersa en el clima inquietante de la soledad existencial, y los signos que remiten al orden de un código -letras-, o de lo racional -números-, son dislocados en una nueva dimensión por el artista. Parecen signos que han perdido su referencia y están dispersos sobre la tela como restos de un sentido y un orden que ha sido desarticulado. Son sutiles testimonios de las olvidadas certezas de la modernidad, hoy fragmentadas y debilitadas.

«La experiencia del mundo se da para el hombre dentro de un intercambio ideológico hecho posible por una lengua que no es la estructura de un medio comunicativo sino patrimonio de monumentos», señaló Gianni Vattimo, acaso el filósofo por antonomasia de la postmodernidad. Estos monumentos, restos, huellas, son el único suelo en el que hombre puede apoyar su existencia y hacen posible un horizonte común referencial de pertenencia. Luego de que «el mundo moderno, con sus fundamentos necesarios e inmutables se va disolviendo» sostuvo.

«Los paisajes y los parajes que Maza evoca con un rudimentario sistema de paralelas están habitados por presencias tan insólitas como dispares. Vemos allí reaparecer al monstruo tutelar, al antropoide alado que veces se petrifica y se convierte en tótem. Pero la más conspicua pobladora de ese mundo es la familia tipográfica de números y de letras», escribió Saúl Yurkievich.

Dedicado plenamente a la pintura desde 1957, Maza (1936), integró el grupo informalista que realizó su primera muestra a fines de la década del cincuenta, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Luego de la Segunda Guerra Mundial, París dejó de ser capital exclusiva del arte como lo había sido durante un siglo aproximadamente entre 1840 y 1940. La ciudad luz cedió el cetro a Nueva York, donde avanzaba entonces un movimiento que irradió hacia el mundo entero, la abstracción expresionista, cuyo puntal fue Jackson Pollock (1912-1956).

El «violento huracán», según palabras de Aldo Pellegrini, «pareció arrasar en determinado momento no sólo con el arte geométrico sino con toda la tradición de una pintura reflexiva y ejecutada según normas, incluyendo hasta la figuración moderna».

En julio de 1959, en la Galería Van Riel, se realiza la primera muestra del movimiento informalista con obras de Alberto Greco, Kenneth Kemble y Fernando Maza, entre otros. A los cuatro meses, en noviembre se inaugura una segunda exposición en el Museo Sívori. Entre ambas muestras, la Galería Pizarro presenta otra de arte informal. El crítico Hugo Parpagnoli escribe que el espectador «no sólo debe renunciar al reconocimiento de una figuración en las telas, sino también, si fuera posible, debería dejar en suspenso sus hábitos mentales y visuales».

El aporte del informalismo no sólo debe medirse por el valor de las obras de quienes lo practicaron sino también por su resonancia cultural. Al margen de lo que significó en términos del discurso estético y la experiencia creadora inmediata, el informalismo resultó ser un notable catalizador del arte en la Argentina. En tal sentido, se distingue de las demás variantes abstracto-expresionistas por su mordacidad e irreverencia, su ataque a las nociones de belleza y buen gusto, su desacralizaciónn de los medios tradicionales,el uso de nuevos elementos, y sus indagaciones retóricas.

En 1960, Maza fue becado por la Unión Panamericana para realizar estudios de técnicasgráficas en el Pratt Graphic Art Center de Nueva York, donde permaneció cuatro años. Hacia 1963, se alejó de la expresión informalista: introdujo una temática de referencias arquitectónicas y comenzó a incorporaren sus obras letras y números, en distintas posiciones y orden. Convirtió los aspectos geométricos de los caracteres tipográficos en extrañas arquitecturas y personajes. Aldo Pellegrini en su histórico «Panorama de la pintura argentina contemporánea», escribió: «Son cuadrosconstrucciones en los cuales sobre una base geométrica se insertan elementos del repertorio pop».

En 1971, Maza vuelve a Nueva York, con la beca Guggenheim para continuar sus investigaciones. En el período 1973-1978, vive en Londres; y luego se radica en París hasta este año.

«Las primeras letras son de 1963. La incorporación de caracteres tipográficos y de su estructura arquitectónica, significaron un gran cambio de una pintura absolutamente abstracta. Ese hecho me fascinó por entonces: la relación entre ciertos esbozos de fachadas -por llamarlas de alguna manera-, y las letras», señaló el artista en un reportaje de Albino Diéguez Videla.

En sus simulacros de paisajes, se destacan arcos, murallas y construcciones piramidales o cúbicas, como presencias enigmáticas que, a veces, se prolongan en sus sombras, provocando múltiples resonancias mágicas.

Maza obtuvo la Mención de Honor en la VIII Bienal de San Pablo (1965), el Primer Premio de Pintura del Festival de Arte de Cali, Colombia y la Mención especial del Jurado en el Festival Internacional de Pintura en Cagnes-Sur Mer, Francia (1980), En 1987 recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, y al año siguiente, el Premio Palanza otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes.

Dejá tu comentario

Te puede interesar