4 de noviembre 2008 - 00:00
Maza: personal retórica de signos, letras y números
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La intimidad como territorio de descubrimiento
En algunas obras de Fernando Maza, letras o números parecen signos que han perdido
su referencia y están dispersos sobre la tela como restos de un sentido y un orden que ha
sido desarticulado.
El «violento huracán», según palabras de Aldo Pellegrini, «pareció arrasar en determinado momento no sólo con el arte geométrico sino con toda la tradición de una pintura reflexiva y ejecutada según normas, incluyendo hasta la figuración moderna».
En julio de 1959, en la Galería Van Riel, se realiza la primera muestra del movimiento informalista con obras de Alberto Greco, Kenneth Kemble y Fernando Maza, entre otros. A los cuatro meses, en noviembre se inaugura una segunda exposición en el Museo Sívori. Entre ambas muestras, la Galería Pizarro presenta otra de arte informal. El crítico Hugo Parpagnoli escribe que el espectador «no sólo debe renunciar al reconocimiento de una figuración en las telas, sino también, si fuera posible, debería dejar en suspenso sus hábitos mentales y visuales».
El aporte del informalismo no sólo debe medirse por el valor de las obras de quienes lo practicaron sino también por su resonancia cultural. Al margen de lo que significó en términos del discurso estético y la experiencia creadora inmediata, el informalismo resultó ser un notable catalizador del arte en la Argentina. En tal sentido, se distingue de las demás variantes abstracto-expresionistas por su mordacidad e irreverencia, su ataque a las nociones de belleza y buen gusto, su desacralizaciónn de los medios tradicionales,el uso de nuevos elementos, y sus indagaciones retóricas.
En 1960, Maza fue becado por la Unión Panamericana para realizar estudios de técnicasgráficas en el Pratt Graphic Art Center de Nueva York, donde permaneció cuatro años. Hacia 1963, se alejó de la expresión informalista: introdujo una temática de referencias arquitectónicas y comenzó a incorporaren sus obras letras y números, en distintas posiciones y orden. Convirtió los aspectos geométricos de los caracteres tipográficos en extrañas arquitecturas y personajes. Aldo Pellegrini en su histórico «Panorama de la pintura argentina contemporánea», escribió: «Son cuadrosconstrucciones en los cuales sobre una base geométrica se insertan elementos del repertorio pop».
En 1971, Maza vuelve a Nueva York, con la beca Guggenheim para continuar sus investigaciones. En el período 1973-1978, vive en Londres; y luego se radica en París hasta este año.
«Las primeras letras son de 1963. La incorporación de caracteres tipográficos y de su estructura arquitectónica, significaron un gran cambio de una pintura absolutamente abstracta. Ese hecho me fascinó por entonces: la relación entre ciertos esbozos de fachadas -por llamarlas de alguna manera-, y las letras», señaló el artista en un reportaje de Albino Diéguez Videla.
En sus simulacros de paisajes, se destacan arcos, murallas y construcciones piramidales o cúbicas, como presencias enigmáticas que, a veces, se prolongan en sus sombras, provocando múltiples resonancias mágicas.
Maza obtuvo la Mención de Honor en la VIII Bienal de San Pablo (1965), el Primer Premio de Pintura del Festival de Arte de Cali, Colombia y la Mención especial del Jurado en el Festival Internacional de Pintura en Cagnes-Sur Mer, Francia (1980), En 1987 recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, y al año siguiente, el Premio Palanza otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes.




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