15 de enero 2008 - 00:00

Melcón, entre la alegoría y los misterios del arte

«Introducción a la sociología», una de las obras del artista argentino Miguel Melcón, un dibujante por excelencia y un pintor despojado y sensible.
«Introducción a la sociología», una de las obras del artista argentino Miguel Melcón, un dibujante por excelencia y un pintor despojado y sensible.
Pintor y diseñador gráfico, el artista argentino Miguel Melcón (1940), es por excelencia dibujante. Algunas obras de Melcón incluyen textos sobre telas blancas y luminosas. En ellas se manifiesta la gestualidad del acto de escribir, como dibujo, mas allá de lo literario y anecdótico, legible o no.

Sus dibujos y sus palabras, como texto y escritura artística, constituyen una suerte de doble actividad: la práctica visual y una lúcida conciencia acerca del contexto que lo rodea. El dibujo presenta su función poética por el simple hecho de presentarse con su multiplicidad de posibilidades y su total ausencia de limitaciones. Una valoración que es evidente en la obra de Melcón.

El dibujo, primer medio de comunicación y de significación de la humanidad, terminó subordinado a la pintura y a la escultura, de las cuales pasó a ser antecedente preparatorio: el fresco, la pintura, la escultura, eran proyectados por medio del dibujo. Muchos elementos concurrieron a su emancipación: el uso del papel, que se generaliza a comienzos del siglo XV (en sustitución de la tablilla de cera y el pergamino): el empleo de instrumentos como el carboncillo, la sanguina y la tiza, que acrecientan las posibilidades gráficas del dibujo, sumándose a la pluma (animal o vegetal) y a las puntas de plata y de plomo: la mejora de las tintas; y el recurso a la aguada más la utilización de pinceles.

La independencia del dibujo, que se irradió desde la Toscana hacia el resto de Italia y toda Europa, se desenvolvió a lo largo del siglo XVI, hasta el punto de que llegó a ser considerado el fundamento de las artes visuales, entre ellas la arquitectura. Pero además, en toda percepción de imágenes visuales subyace un texto lingüístico que queda expresado en la obra, aún cuando ésta trascienda la escritura por los diversos medios que entrañan sus vías de manifestación. Entre la escritura fonemática y el dibujo media un parentesco. Acaso fue el dibujo la primera escritura, señalamos en ocasión de presentar la muestra «La escritura y los artistas», en el Centro de Arte y Comunicación (CAYC), en 1991.

Hacia fines de la década del 70, el Conceptualismo, al menos en sus formas clásicas, se había esfumado en medio de la abrumadora ola internacional de retorno a la pintura. Pero la huella conceptualista se encontraba presente y en la mayoría de las obras de la década del 80, cualquiera fueran las técnicas y la orientación por ellas adoptado, subyacen rastros, puntos de partida, esquemas, en especial, en el terreno de la representación icónica de ideas.

Es éste el conceptualismo ampliado abarcador de Melcón que, sin disminuir lo que se entiende, ha destacado lo sensible; que se ha reapropiado también de los soportes y las materias tradicionales, volviendo a lo físico y lo retineano de la pintura, pero asentado en el suelo fértil de las ideas. Sus obras semejan bocetos donde dialogan las marcas y las líneas. Melcón permite reconocer una metabolización de los dibujos de Clorindo Testa, de Robert Rauschenberg y de Vladimir Velickovic.

  • Retórica

    Pero fundamentalmente, su retórica evidencia su acercamiento a los toques sensibles y caligráficos de Cy Twombly, un gran artista que entiende la pintura como un tipo de escritura y convierte el tejido disperso de singulares composiciones en una unidad. Ya a mediados de los años 50, Twombly comenzó a desarrollar su serie de obras de carácter gestual y espontáneo, que incluían inscripciones similares a los graffiti. Signos muy refinados dispersos sobre fondos monocromáticos, con leves manchas de color. Así vimos una fantástica exhibición suya como invitado especial a la Bienal de Venecia.

    Los característicos trazos sueltos de Melcón ya estaban presentes en sus retratos de fines de los 70. Desde comienzos de los 80 inició series alusivas a lo que surge, lo que se está formando y exige aún consolidación: «La gestación», 1984; «Tiahuanacu» del «Estudio con feto de llama», 1986. De fines de los 80 se destaca su tela «Homenaje a Kafka» de 1989. Franz Kafka se anticipó al mundo contemporáneo hostil, donde el hombre busca, sin esperanza ni amparo, entenderse con poderes remotos y absolutos, cuyas manifestaciones son siempre ambiguas. «Sólo encontraría felicidad si pudiera elevar al mundo hacia lo poco verdadero e invisible». Por ello, en Kafka lo verdadero es poco, y además, invisible.

    En el sueño, la negación es imposible: algo tachado no significa necesariamente anulado, sino que la tachadura se comporta como un signo más que hay que descifrar. En las obras de Melcón, las cruces que tachan los dibujos de fetos, cerdos y otras imágenes esbozadas, remiten a todo lo contrario de una anulación, ya que ese sentido de lo onírico se relaciona con toda su obra.

    Entre sus últimas series, él realizó «De la memoria», en 2005. Al año siguiente el Centro Recoleta presentó una retrospectiva con obras del periodo 1982-2006, más de dos décadas de su trayectoria iniciada a mediados de los 60. La noción de temporalidad y los trazos del pasado están presentes en «Hacia el Machu Picchu». El santuario fortaleza descubierto en 1911 por el historiador inglés Hiram Bingham, se encuentra a 2.500 m de altura, entre dos picos andinos, a 137 km de Cuzco, fundado por Pizarro en 1534, sobre los cimientos de la homónima urbe prehispánica, sede de los emperadores incaicos desde el siglo XII, que él mandó demoler. Construido en los siglos XIV y XV, Machu Picchu es un recinto de misterio y acaso de eternidad, con su escolta de montañas impasibles y piedras silenciosas. Son las huellas de aquella Antigua América las que emergen en estas obras. Sus series alcanzan gran resonancia significativa a partir de una depurada economía de medios.

    «La pintura de Miguel Melcón es de despojamiento. La configuración del espacio está determinada por un inicial planteamiento que tiende a una voluntad de síntesis, en tanto que los vacíos adquieren una importancia desmesurada. En sus telas emerge la levedad de todo lo existente, allí aparecen indicios cromáticos, signos, figuras y huellas que pasan como intentando ser apenas visualizados. De esta suerte, el objeto de su obra está en la reflexión sobre la fragilidad de las apariencias, en las alegorías de lo transitorio», escribió Malena Babino.

    Los alcances de la alegoría fueron planteados por el filósofo alemán Walter Benjamin en su ensayo de 1928, «El origen del drama barroco alemán». Para él, «La alegoría no es una técnica gratuita de producción de imágenes sino una forma de expresión, de igual manera que lo es el lenguaje y hasta la escritura». Oponiendo símbolo y alegoría, ve en ese par una remisión a la historia de la Naturaleza, y en esta un trasunto de la naturaleza de la Historia, en términos dialécticos. La alegoría se refiere «plenamente y como enigma, no sólo a la condición de la existencia humana, sino también a la historicidad biográfica de un individuo. Tal es el núcleo de la visión alegórica» que es la intuición de la caducidad de las cosas y el cuidado por salvarlas para la eternidad.

    Las obras de Melcón remiten a este conflicto pero también a los misterios del arte, ese espejo que nunca lo dice todo.
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