28 de marzo 2006 - 00:00

Museo Británico descifra en una muestra el código Miguel Angel

Londres - «El código Da Vinci» no es el único que tiene en ascuas a los ingleses. También está el código Miguel Angel, develado por el Museo Británico con la presentación de una colección de grabados del maestro renacentista que muestran con lupa y a cámara lenta su proceso creativo, el funcionamiento de su alma artística, las mil y una decisiones que desembocaron en los dibujos de la Capilla Sixtina o el retrato de Andrea Quaratesi, su pupilo.

Miguel Angel
probablemente demandaría al museo por violación de su intimidad. Todo lo contrario que Leonardo Da Vinci, mucho más expansivo y didáctico. El genio florentino era celoso de su trabajo, gruñón, posesivo, incluso un poco paranoico y predispuesto a ver conspiraciones para robar sus ideas y copiar sus técnicas. Sin duda hubiera sido un buen protagonista para una novela de Dan Brown...

Pero lo cierto es que el Museo Británico ha aprovechado que no tenía que pagar derechos de autor para mostrar al mundo los grabados de donde nacieron las obras maestras de Miguel Angel, los dibujos de un codo o una rodilla desde distintos ángulos y perspectivas, el uso de las tres dimensiones, la manera en que creaba una impresión de movimiento en los objetos de sus esculturas.

Al hurgar en sus archivos, y pedir la asistencia de otras instituciones como el Museo Tyler de Holanda y el Ashmolean de Oxford, es como si los organizadores hubiesen contratado a un detective privado, recurrido a una cámara indiscreta, descifrado un código secreto.

La exposición, que se inauguró el jueves pasado y para la que se han vendido más de doce mil entradas por anticipado -se esperan ciento cincuenta mil visitantes antes de que cierre el 25 de junio-, reúne una colección singular de casi un centenar de dibujos y grabados que abarcan varias décadas y no se hallaban bajo el mismo techo desde la muerte de su autor, en 1564, a los 89 años. Miguel Angel solía destruir los bocetos de los que se servía para llegar a las versiones definitivas de sus obras (sólo han sobrevivido unos seiscientos), y prefería presentar el resultado final como una sorpresa. Consideraba que mostrar las fases intermedias restaba de alguna manera magia a su arte y a su ciencia.

Los grabados van acompañados de cartas personales explicativas de los trabajos y un área interactiva con computadoras para que los visitantes comprueben cómo un pequeño dibujo se convierte en los decorados de la Capilla Medici de Florencia o en el techo de la Capilla Sixtina -el brazo extendido de Dios para tocar a Adán es una de las imágenes más veneradas del arte occidental-, gracias al perfeccionismo de un artista puro, refinado y universal, escultor, arquitecto y pintor, capaz de generar emoción y drama con la simple posición de un cuerpo

En Miguel Angel todo empezaba a partirdel dibujo y el detalle, y la exposición, titulada «Closer to the master» (Más cerca del maestro) reúne grabados desde su juventud hasta las escenas de la Crucifixión que creó poco antes de su muerte, cuando ya le temblaba el pulso y tuvo que servirse de una regla para transmitir todo el dolor y toda la tristeza del mundo católico. Se trata de la mayor y más ambiciosa muestra dedicada en los últimos años a un genio del Renacimiento difícil de condensar por la magnitud física de sus obras, el volumen de su «David», el carácter inamovible de la Capilla Sixtina o la grandiosidad del «Moisés» que aparece en la tumba de Julio II.

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