El guión, desde un principio, intenta llamar la atención sobre la poca intuición de Javier, incapaz de percibir las crisis íntimas de María ( En verdad, Javier (
Tampoco carecen de gracia una circunstancial relación de cama y la desubicada insistencia telefónica posterior, o las sesiones con el psicoanalista que interpreta, buen hallazgo de casting, el más freudiano de los Luthiers,
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