3 de febrero 2006 - 00:00
"No soy andaluz ni soy cantante, y no tengo oído"
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HBO Max estrenó la película peor puntuada de una saga que traumó a millones de espectadores
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Poco antes de
ser premiado
con el Goya (el
Oscar español)
por su
composición del
cantaor
andaluz, el
actor estuvo en
la Argentina con
su esposa en la
ficción de
«Camarón»,
Verónica
Sánchez.
Oscar Jaenada: La preguntabásica que yo me hago es cómo me eligieron. Ni soy andaluz, ni cantante, soy barcelonés y sin oído musical. Ni era tan delgado. Me hicieron adelgazar muchísimo, tanto que aún no he podido volver a mi peso anterior. Tengo los ojos puestos en el bife argentino.
P.: ¿Y cómo fue aprender a ser Camarón?
O.J.: Pues, lo primero meterme en las escuelas de flamenco, en los archivos de la RTVE, andar por sus calles y ver lo que él veía, tomar el acento, fijarme en la respiración. Y hacerle mucho caso a su mujer, La Chispa, que venía al rodaje a dar un vistacillo cada día, y a los amigos y los músicos. Les estoy eternamente agradecido.
O.J.: Pura fonomímica. Yo cantaba y me posesionaba, es cierto, pero con el playback al tope, porque si me escucho no me creo. También los músicoshacían playback, porque Chávarri no quiso músicos que también actuaran, sino actores que supieran cómo se toca. ¿Acaso hay alguien que toque como Paco de Lucía y se le parezca físicamente? O una cosa, o la otra.
P.: Ya que lo menciona, ¿qué dijo Paco de Lucía sobre la película? Porque lo hacen quedar medio como tonto.
Verónica Sánchez: He hablado con sus hijas Lucía y Casilda, y dicen que le ha gustado, que él era así cuando joven. El también se merecería una película propia.
P.: ¿Y qué me dicen de otros personajes laterales?.
O.J.: El fiel Luquitas es una mezcla de Candado, Malcamino y otros grandes amigos que Camarón tuvo en la vida. Lo mismo las amantes, que quedaron sintetizadas en unas pocas como la paya (no gitana) Paloma. Bueno, ese era el nombre real, y se le cambió por Isabel. Es que la viuda tenía sus derechos y no quería que se dijeran ciertas cosas, ni que se lo representara al final en silla de ruedas, como estaba cuando lo bajaron del avión de Nueva York, ya muy enfermo. Y Chávarri le hizo caso. Creo que eso benefició a la película.
P.: De agarrarlo a tiempo, ¿se hubiera podido curar?
V.S.: Las hijas me decían que cuando lo dejaban solo se fumaba sesenta cigarros. Era autodestructivo.
P.: ¿Es cierto que filmaron en los mismos lugares donde pasó su vida?
O.J.: En su barrio natal, por ejemplo. Era como estar en un santuario. Los vecinos me contaban «que se fue así, por allí, con los hombros encogidos», y yo lo representaba enseguida delante de ellos. Se filmaba cuando ellos lo aprobaban.
V.S.: A mí lo que más me impresionó fue rodar la escena del casamiento. Todos los figurantes eran gitanas y gitanos. Me abrieron sus puertas, me enseñaban, me contagiaban. Me gritaban «pero qué novia más bonita», «qué muñeca para casarse». Los viejitos, no sé si entendían que era sólo una filmación, si hasta nosotros mismos por poco casi creímos que nos estábamos casando de veras.
O.J.: Es cierto. Estábamos tan en papel, que en esa escena casi creímos que nos casábamos de verdad.
V.S.: Todos los integrantes de la película estábamos muy compenetrados, ya desde el momento del casting. Y creo que eso se transmite desde la pantalla. Sabemos que a La Chispa le ha gustado muchísimo.
O.J.: Y al público. Ya el primer mes hizo medio millón de espectadores. Sé que ahora se estrenará en Francia y Japón. En Argentina debería verse, porque acá hay muchos gitanos y 17 entidades andaluzas
P.: ¿Cómo se llega al final?
O.J.: Estaba la «Nana del caballo», de García Lorca, y un día dijimos «esto lo debemos hacer». Y estaban las hermanas en el rodaje, llorando. Y al final la mirada a cámara no estaba en el guión, y me sale del alma, como Camarón diciendo «hasta aquí he llegado». Y hasta aquí he llegado yo también. No creo que me toque en la vida otro personaje tan maravilloso y tan agotador como éste. Pero valió la pena.
Entrevista de Paraná Sendrós




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