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1 de febrero 2007 - 00:00

"Noches mágicas de radio"

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Meryl Streep y Lily Tomlin tienen lucimiento especial dentro del estupendo elenco de «Noches mágicas de radio», último film de Robert Altman que evoca deliciosamente un viejo programa de variedades.
«Noches mágicas de radio» (A Prairie Home Companion, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: R. Altman. Guión: G. Keillor. Int.: M. Streep, L. Tomlin, K. Kline, V. Madsen, G. Keillor, L. Lohan, T.L. Jones, W. Harrelson, J.C. Reilly, M. Rudoph.

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Síntesis apretada: ésta es una deliciosa pintura de la última transmisión de un viejo programa de variedades del Medio Oeste, pintada por un elenco en estado de gracia, disfrutando sus personajes, textos, y temas (himnos, baladas, jingles, country y westerns), todo inspirado por un viejo maestro amante del arte y el espectáculo, Robert Altman. Entre nosotros, una obra especial para amantes de las buenas despedidas, que disfrutarán más que nadie los seguidores de Meryl Streep y Lily Tomlin.

Da gusto ver a esas dos veteranas de la escena jugando a ser dos hermanas (una optimista, de aire angelical y voz pura, otra agria, de comentarios filosos y voz estragada), cantando juntas y recordando a dúo unas historias familiares que, a esa altura (porque hace años que están en la farándula) ni ellas han de saber si son del todo ciertas, pero que les permiten preparar a la audiencia para el tema «Good Bye to my Mama», o ablandar a la hija de una de ellas, obsesionada por el suicidio.

En realidad, en esta ficción casi todos los personajes son unos admirables camanduleros que mezclan la vida con la representación y con la tradición del cuento oral, y se ve que los actores que interpretan esos personajes (Streep, Tomlin, Kevin Kline, los vaqueros Harrelson y Reilly, hasta Virginia Madsen, que hace de ángel de la muerte) disfrutan eso a pleno, como que conocen el ambiente. Y tampoco hay ninguna pérdida que lamentar, salvo quizás alguna muerte en los camarines, porque el viejo programa radial al que se hace referencia, «A Prairie Home Companion», todavía sigue, y entonces es todo como un ensayo de despedida, que ha hecho el creador y conductor de «A Prairie...» y guionista de este film, el altísimo y graciosamente serio Garrison Keillor. Es muy buena, además, su frase final de consejos espirituales que termina rematando en aviso comercial, y es muy feliz y emotiva la interpretación del viejo y sentido «Red River Valley (In the Sweet By and By)» por toda la compañía.

Al momento del rodaje, Robert Altman ya estaba en los 80 años bien traqueteados, y llevaba 10 con un corazón ajeno. Copiloto de B-24 en su juventud, fue desde 1950 el hombre orquesta de una pequeña compañía de cine, director de muchos capítulos de «Alfred Hitchcock presenta», «Combate», «Bonanza», y varias otras series, y autor de unas cuantas piezas entre irónicas y sarcásticas de memorable construcción y gran elenco, entre ellas «Vidas perdidas», «Mash», «Del mismo barro», «Un día de boda», «Tres mujeres», «Buffalo Hill y los indios», «Extraña pasión», «The Player. Las reglas del juego», «Ciudad de ángeles», «Pret-a-porter», y «El doctor y las mujeres».

«Noches mágicas...» dista del sarcasmo, y su ironía es francamente cariñosa. Vecina musical de «Nashville» y de «Kansas City», risueña como «La fortuna de Cookie», humildemente puesta al servicio de los artistas, como «The Company» (hecho para lucimiento de Neve Campbell y el Joffrey Ballet de Chicago), «Noches mágicas...» es la última obra del sabio Altman. Que, muy sanamente, toma a risa su saludo final, igual que Keillor cuando le reclaman «¿No vas a explicarle al público que ésta es la última noche? Aunque sea, decí 'gracias'», y el otro responde «No sirvo para discursos largos». Para largas (pero bien jugosas) ya estaban sus películas.

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