¿Otro cuento chino? Alvarez anuncia una Ciudad del Cine

Espectáculos

Roma (Enviado especial) - Poco antes de hacer sus valijas de retorno a Buenos Aires, el presidente del INCAA Jorge Alvarez develó una sorprendente noticia en el Festival de Roma. «Buenos Aires, dentro de poco, tendrá una Ciudad del Cine, que se alzará muy cerca de la Capital Federal, con capitales y know-how de la China».

Como no es la primera vez que el gobierno argentino se entusiasma con promesas orientales, dialogamos largamente en Roma con Alvarez acerca de esta novedad, sobre sus gestiones en el Festival italiano que concluye esta semana, y también sobre algunos puntos conflictivos que hoy afligen a la pantalla nacional.

Periodista: ¿Cómo es esto de la Ciudad del Cine?

Jorge Alvarez: Es el resultado de los vínculos que se vienen haciendo con industrias cinematográficas no tradicionales, o con las cuales no teníamos contactos, como en este caso la China. Pero también hay otras novedades sobre la India, que tienen su parte positiva y otra negativa.

P.: Vayamos por partes. La China, primero.

J.A.: Empecemos por un antecedente histórico. En Pekín, hubo una película que quebró en dos la historia de China, «El último emperador» de Bertolucci. Fue la primera vez en siglos que las autoridades chinas le permitieron a un artista ingresar con sus cámaras en la llamada Ciudad Prohibida, y a partir de allí el tabú se desmoronó. Fueron varios, luego, los que también registraron imágenes allí dentro. La Ciudad Prohibida, residencia de los emperadores, es un espacio cuyo perímetro es de 9 por 9 cuadras aproximadamente, con empalizadas de 10 metros de alto, y en cuyo interior hay 21 palacios. Pues bien, antes de la liberación de ese recinto, los chinos habían construido una réplica casi exacta, a cuatro horas de tren de Shangai, en una ciudad llamada Hend Dien. Como se podrá imaginar, esa réplica era la Ciudad del Cine, donde China filmaba sus películas sobre emperadores. Es casi como ocho veces Cinecittà. Esa construcción fue idea de un señor llamado Xu, que poco a poco levantó esa ciudad ficticia en un poblado de campesinos, cuya población de multiplicó hasta los 120.000 habitantes, de los cuales el 85 por ciento trabaja ahora para el cine. Hay 19 equipos de producción, varios sets de filmación, y la zona se convirtió en un área turística. Esa Ciudad ya tiene satélites en Los Angeles y otras ciudades, y el Señor Xu se convirtió en un magnate que se mueve en limusinas blindadas y tiene representación parlamentaria en la Asamblea Popular.

P.: ¿Y entonces? ¿La Argentina será otro filial de esa Ciudad?

J.A.: No, será otra cosa. Durante nuestras gestiones de coproducción con el ministro de Radio, Cine y TV de la China llegamos a otro tipo de acuerdos, que contemplaron también la instalación de una Ciudad del Cine con características propias. Fue una oferta, con algunas condiciones, que estamos terminando de estudiar con fuertes posibilidades de materializarla.

P.: ¿Qué tipo de condiciones?

J.A.:
En principio, los chinos no quieren instalarla en Capital Federal, aunque tampoco que quede muy distante. La inversión estaría en el orden de los 200 millones de dólares. Lo más probable es que se defina en algún punto sobre la Ruta 2 de fácil acceso. Se está avanzando también en el estudio de establecer allí un régimen de promoción y exención impositiva, pero por el momento no es mucho más lo que estoy autorizado a decir.

P.: ¿Y la India?

J.A.:
Es complicado. Como se sabe, la India es el mayor productor de cine a nivel mundial. El año pasado llegaron a realizar más de 930 películas, y se calcula que este año su producción superará de lejos el millar de largometrajes. Ante ese desborde, la oferta que ha hecho la India es que la Argentina provea servicios de producción de películas, una especie de tercerización. Pero aquí viene lo contradictorio: con que ingresara apenas una proporción baja de esa cantidad de producciones, la industria nacional quebraría. Por eso mismo, necesitamos un acuerdo con los sindicatos, para establecer topes en los contratos de servicios.

P.: Lo saco de Oriente. Más allá de los proyectos de coproducción, ahora con Italia y pronto con Alemania, Francia e Inglaterra, el público continúa sin prestarle demasiada atención al cine argentino. Esto ya es público y notorio desde hace tiempo. Con excepción de unos pocos títulos, el resto de la producción pasa casi invisible por las salas. Usted había anunciado unas Jornadas de Reflexión multisectoriales para discutir el tema, ¿qué pasó con ellas?

J.A.: Vamos por partes. Las Jornadas se harán, sólo hubo una postergación de fechas, y las realizaremos poco antes de que termine el año. En cuanto al otro punto, yo estoy de acuerdo en que hay muchas cosas que es necesario cambiar. Sin caer en el absurdo de decir que una película se justifica sólo cuando tiene más de un millón de espectadores, porque con ese criterio sólo haríamos films de «Bañeros», es cierto que hoy la demanda del público está reñida con la oferta de cine. En la última encuesta hecha por la Secretaría de Medios, el público respondió en un 72 por ciento que quería ver comedias, y la proporción de comedias hechas sobre el total de la producción era de 7 por ciento. Esto no cierra, evidentemente. El INCAA no puede ordenar la producción de determinado tipo de cine, aunque sí influir -y espero que esas Jornadas sean el primer paso- en el establecimiento de un consenso acerca de la dirección de la producción, las proporciones entre operas primas y peliculas de directores con obra, etcétera. Aún dentro de la Ley de Cine, creo que es necesario establecer nuevas reglas de juego que definan mejor la eficacia del Consejo Federal y los comités de créditos.

P.: ¿Qué pasa en el INCAA después del 10 de diciembre?

J.A.: Nada, todo continuará como hasta ahora. Nosotros tenemos mandato por otros dos años, aunque ya es sabido que, en caso de ganar Cristina Kirchner las elecciones. la vicepresidenta María Lenz seguramente será electa diputada, y deberá, en ese caso, cesar sus funciones en el INCAA.

Entrevista de Marcelo Zapata

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