La segunda
«Patoruzito»
con despliegue
de banderas
como para
alegrar a la
diputada Giusti
y profusión de
chivos
publicitarios)
daba para
comedia de
terror, pero
poco tiene de
comedia porque
le falta gracia.
«Patoruzito 2, la gran aventura» ( Argentina, 2006, habl. en español. Dir.: J.L. Massa. Dir. Animación: J. Marinucci. Voces: L. Gómez, L. Campoy, N. Aleandro, J. Weich, N. Morelli, F. Otero, C. Martínez.
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Esta nueva película con el indiecito patagónico lleva como subtítulo «La gran aventura». Bien pudo llamarse «Patoruzito en Buenos Aires», «Patoruzito en la mansión del terror», «Patoruzito enfrenta a la bruja Jiuma», «Patoruzito le da el gusto a la diputada Giusti» (por el despliegue de banderas, lógicamente), e incluso lo que todos sospechan, «Patoruzito confirma que segundas partes nunca fueron buenas».
Vamos por partes. El pequeño cacique deja de hacer yoga con el abuelo de su amiguita Malen, y viaja a la gran ciudad para integrar el desfile del 9 de julio frente al Congreso. Ahí aprovecha a pasear, dejando a Pamperito estacionado en la vereda, previo depósito de fichas, y al pasar por la boca de un subte la Chacha descubre tener algo de Marilyn Monroe, sólo que Marilyn se depilaba. Hasta ahí el dibujo es duro, pero, como se ve, tiene apuntes divertidos.
De pronto aparece una bruja, que tiene perversos planes para rejuvenecer, matar a un hada, sembrar el caos, y coronarse en el Teatro Colón. Esta horrible mujer engaña al «indio ingenuo» (viejo y querido latiguillo de la historieta, aplicado cada vez que le vendían un buzón), hasta que, finalmente, tras dura lucha, todo termina bien. Sólo que este asunto, que daba para ser una comedia de terror, nada tiene de comedia, porque le falta gracia. Hay monstruos, chivos, y banderas, pero le falta gracia. Y eso que aparece el fantasma Benito, que era un bromista de primera ( recuérdense las viñetas de «El fantasma Benito se divierte», creadas por el propio Dante Quinterno), y daba para escenas similares a las de aquel antiguo corto donde Mickey Mouse y sus amigos enfrentan las chanzas de tres sábanas burlonas.
Puede observarse que ése es un dibujo norteamericano. Pero es un clásico bien ingenioso y divertido, muy superior a los dibujos estándar estadounidenses, de esos que se ven hasta el hartazgo en televisión, que esta película nacional incorpora como modelos, en forma evidente aunque tal vez algo inconsciente. Si vamos a absorber, que sea de los mejores. Cumple, al menos, su función de entretenimiento para escolares. Y al final canta Soledad Pastorutti, la misma que inspiró a los hinchas de la Selección a revolear la camiseta.
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