Nuevamente lleno total en Núñez: esta vez, el
público tuvo que consentir ser «extras» para la
película que filmó U2 de este recital. Extras gratuitos,
desde ya, y pagando entrada.
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Sin embargo este circo electrónico plantea con claridad las contradicciones estéticas y conceptuales de un gran grupo de rock con un cantante que no puede dejar de decir más cosas importantes de lo razonable, corriendo el riesgo de caer en incoherencias.
Entendiendo que la música es la protagonista de un concierto de cualquier tipo, en la gira Las torres con seguidores ubicados desde la mitad del campo no dejan ver ni siquiera las pantallas, y ni hablar de los músicos de carne y hueso, cuando hasta el enorme decorado pasa inadvertido al ser absorbido por la mezcla de mensajes políticamente correctos y mezcla de lecciones de instrucción cívica plasmadas en ciberpizarrones gigantes.
Como aparecer de cuerpo entero en pantallas gigantes sería más propio de
La abrupta transición desde las más imaginativas explosiones multicromáticas a mediocres composiciones tan convencionales, como las banderitas de distintos países para llamar a la fraternidad universal, a veces no se puede creer. Igual que el cartel que llama a la coexistencia con tipografías de distintos signos religiosos, un tanto confusos, que provocaron que varios jóvenes mareados lean en voz alta
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