"Recoleta no es un museo; hay que abrirlo a toda la cultura"

Espectáculos

Coincidiendo con la celebración de sus 25 años de existencia, el Centro Cultural Recoleta se apresta a recuperar el encanto de un edificio que se remonta al siglo XVIII, y pretende convertirse en el ámbito más activo y vital de la cultura porteña. Eso al menos es lo que se propone su flamante directora, la arquitecta Liliana Piñeiro, quien comenzó a trabajar en 1986 como asistente del primer director del Centro, Osvaldo Giesso, debutó como curadora con la muestra «Espacio Ciudad», y hace alrededor de diez años, cuando Diana Saiegh estuvo a cargo de la dirección, ascendió a curadora general.

Desde entonces, los 16.000 metros cuadrados de superficie del Recoleta, que convoca alrededor de 100.000 personas por mes, están destinados mayormente a las artes visuales. Pero, en rigor, si algo queda claro durante el diálogo de Piñeiro con este diario, es que un centro cultural no es un museo. «El juego debe abrirse a todas las disciplinas del arte», sostiene la nueva directora, y habla sin rodeos sobre un imprescindible cambio de perfil.

Periodista:
Luego de haber trabajado durante 20 años en el Recoleta ¿se puede suponer que posee un mayor dominio de los problemas y objetivos que implica su cargo que quienes la antecedieron?

Liliana Piñeiro: Me siento tranquila y feliz. Mi nombramiento fue una enorme sorpresa, porque no es común que alguien de carrera acceda a la dirección. Esta es mi casa. Aquí crecí y me formé. Llegué desde la arquitectura, disciplina que fui aplicando al diseño de las muestras, pero cada vez más me fui interesando por el arte.Ahora siento que de cada uno de los directores, Osvaldo Giesso, Miguel Briante, Diana Saiegh, Teresa Anchorena, Nora Hoschbaum, aprendí algo diferente. Trabajé muy cerca de ellos y conozco la dinámica de este lugar.


P.:
No parece una dinámica fácil...

L.P.: No. Porque hasta ahoraestuve a cargo de artes visuales, de aquí en más me toca desplegar el enorme abanico de posibilidades que se abre con las artes escénicas y otras áreas, además de la remodelación arquitectónica. Me toca el conflicto de la obra, pero también la maravilla de que dentro de cuatro meses inauguremos el proyecto de Clorindo Testa y Juan Fontana, el nuevo hall de entrada, el Patio de los Tilos y la Terraza. Dentro de un mes comienza la remodelación del Auditorio, que demorará alrededor de ocho meses, y para entonces el cambio va a ser sustantivo.


P.:
¿El Centro continúa funcionando durante la remodelación?

L.P.: Sí. Todas las salas de exposiciones están abiertas al público, menos las que se van a transformar en librería. La Asociación Amigos estará a cargo de la librería que tendrá textos de arte, merchandising producido por artistas, los catálogos del Recoleta, y estamos por cerrar un acuerdo con el Centro Metropolitano de Diseño, para que nos aporten sus productos.


P.:
Salvo el Museo de Arte Moderno, donde nunca hicieron una muestra de Cándido López o de artistas del XIX, el error de las instituciones argentinas es que no respetan su perfil. ¿El Recoleta no debería dedicarse al arte experimental y de algún modo vanguardista, en vez de al consagrado que hoy exhibe?

L.P.: La idea es sostener los compromisos adquiridos, hay muestras pautadas hasta agosto de este año. Ahora, si bien yo provengo de las artes visuales, no quiero perder de vista que esto es un Centro Cultural, que debe albergar la literatura, la danza, el teatro, la música, el cine. En estos años se puso la energía en mejorar las salas y la calidad de las muestras, pienso que mi desafío es mantener lo que está, apuntar a la excelencia, pero también incorporar todas las otras disciplinas, porque esto no es un museo. El compromiso es sumar lo emergente, pero en todas las disciplinas. Si no contamos todavía con el Auditorio, pero tenemos una obra experimental de teatro, y presentarla implica utilizar una sala de artes visuales, lo vamos a hacer. Esto es un Centro Cultural y hasta que no esté terminado el Auditorio, la música, la danza y el teatro ocuparán espacios no convencionales, como la escalera, las salas o el hall.


P.:
¿Esta tan segura de la calidad de las exposiciones que presenta el CCR?

L.P.: Creo que se han hecho muchas de excelencia y otras no tanto. Durante los últimos años se apostaba a que el perfil del Recoleta era el «no perfil».Ahora quisiera lograr un perfil mas claro. Es un desafío difícil para una proyección de dos años de gestión y con un medio año ya programado. Para trabajar con arte emergente, empecé a ver proyectos, a hablar con quienes trabajan con los jóvenes. Estamos armando una muestra por los 30 años del golpe, que va a tomar todas las salas de la planta baja, y convocamos a varios grupos de artistas jóvenes, para que sientan que están presentes. Me interesa presentar nuevos proyectos con curadores invitados, y algunos se están acercando. Este es un espacio publico y es imprescindible abrir el juego, siempre y cuando prioricemos la calidad y el nivel de las muestras.


P.:
Asumir la dirección del Recoleta implica compromisos de orden político. Todos tenemos una tía que pinta, y a todos los directores de museos les llegan pedidos para que exhiba artistas y obras que no alcanzan el debido nivel de calidad. ¿Está dispuesta a rechazarlas?

L.P.: Tampoco se puede decir que llueven esos pedidos. La gente es bastante respetuosa. Muchos se acercan solos y cada vez más se incrementan los artistas que traen y nos descubren artistas más jóvenes.


P.:
Ahora que se acabó la Beca Kuitca, los artistas que salen de la carenciada Universidad o las escuelas de Bellas Artes, no tienen donde se les enseñe a ser artistas. ¿Tienen algún proyecto en este sentido?

L.P.: Tratamos de poner toda la energía en calificar los cursos y talleres. Tenemos previsto un programas de clínicas, comenzará con una clínica de fotografía de Adriana Lestido. La idea es hacer clínicas en distintas disciplinas con docentes de muy buen nivel. Para ofrecer cursos sobre las nuevas tecnologías, estamos en medio de un acuerdo con la gente de Educar, institución que depende del Ministerio de Educación, ellos dictarían seminariospara los artistas y el público en general. Además nos interesa perfeccionar nuestros programas educativos, tenemos varios programas de visitas guiadas.


P.:
El Recoleta tiene una estupenda residencia, ¿tienen acuerdos de intercambio con artistas de otras ciudades del mundo?

L.P.: Sí. La residencia fue un estupendo aporte de Teresa Anchorena. Ahora estamos estudiando los convenios que tiene firmados el Gobierno con distintas ciudades, porque dentro de este marco se pueden concretar intercambios, como el de París y Buenos Aires. Aquí estuvo un artista de París durante tres meses, y produjo obra que vamos a exponer. Ahora estamos convocando un argentino para que vaya a París, y allí realice y exhiba su obra.


Entrevista de Ana Martínez Quijano

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