A fines del siglo pasado Ángela Molina estuvo en Jacobacci, Río Negro, y en Río Pico, Chubut, engalanando dos films argentinos: “Sin querer”, de Ciro Capellari, y “El viento se llevó lo qué”, de Alejandro Agresti. Entonces Simón Franco, neuquino, era apenas un adolescente que soñaba hacer cine. Ahora, en su tercera película, se da el lujo de dirigir a la venerable actriz, nada menos que en un protagónico.
Reencuentro con Ángela Molina
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La intimidad como territorio de descubrimiento
La acción ya no transcurre en la Patagonia. De la laguna Carrilaufquen del primer film, pasamos al lago Ipacaraí, de Paraguay, no tan azul como lo evoca la canción pero siempre hermoso. Molina encarna a una actriz retirada que viaja hasta allí buscando reencontrarse con el director que más amó, para acompañarlo en la que será su obra definitiva. Pero antes la encuentra una directora de cine publicitario que insiste en proponerla como la cara de una crema antiarrugas, photoshop mediante, un chiste justo para Ángela Molina, la gran estrella que sabe hacer gloriosa ostentación de sus arrugas y sus canas (y quizá por ese chiste aceptó el papel).
En conjunto la historia es simple, sin mayor pulido, pero levanta mucho en el último tercio. La escena con Gerardo Roma-
no es hermosa (“Es que tú y yo no fuimos hechos para la realidad”) y en el elenco se lucen Ignacio Huang, Lali González, Fernán Mirás en breve papel, y Belén Fretes, la chica que quiere cambiar su suerte en la gran ciudad.
P.S.
“Charlotte” (Argentina-Paraguay, 2021). Dir.: S. Franco. Int.: A. Molina,
L. González, G. Romano
(Cine.ar).




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