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2 de octubre 2008 - 00:00

Remedo de una vanguardia de hace 40 años

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Una dúctil y obediente Lola Dueñas es el objeto de deseo de un hombre al que le sobra el tiempo en «Lo que sé de Lola», un film pomposo, abundante y aburrido en el que sólo se salva la fotografía.
«Lo que sé de Lola/ Ce que je sais de Lola» (España-Francia, 2006, habl. en francés). Dir.: J. Rebollo. Guión: L. Mayo, J. Rebollo. Int.: M. Abiteboul, L. Dueñas, C. Machi, L. Deschamps.

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"La Lola se fue a los puertos", «La Lola nos lleva al monte», «Lola Montez», «Lola la piconera», «Lola la trailera», «La bella Lola», «Divina Lola», «Dulce Lola», «Lola, espejo oscuro», «Lola» con Anouk Aimée, «Lolita», la versión buena, con Sue Lyon, a las tantas Lolas que hay en el cine, ahora se agrega esta película, cosecha española 2006, lástima que no parece española, ni de 2006, porque más bien adhiere a cierto tipo literario de vanguardia vieja, y encima ajena, de hace como 40 años.

En efecto, quien entre al cine después de los títulos, creerá estar viendo una película francesa de ese entonces, no sólo porque la acción (llamémosle así, por ahora) transcurre inicialmente en Francia, y en francés, sino porque luce realmente como si fuera francesa. De esas que hoy ni ellos hacen, pero hicieron, pomposa, abundante, aburridamente, y sin arrepentirse.

Ahora a veces pontifican y aburren con otra clase de obras, pero ya no con ésas. Que también las hacía el escritor Alain Robbe-Grillet, sólo que él tenía sentido del humor. Un ejemplo, «El hombre que miente», donde Jean-Louis-Trintignant va contando al espectadorlo contrario de lo que está ocurriendoen pantalla. Hasta que entra otro personaje, lo acusa, «Todo lo que usted dice es mentira», y le pega cuatro tiros. «Al fin se aclaró algo», dijo una mujer que estaba mirando la película. Acto seguido, Trintignant se levanta y sigue hablando.

Recuerdos como éste pueden venir a la mente del espectador de cierta edad mientras ve «Lo que sé de Lola», porque, claro, en algo hay que entretenerse, ya que en la pantalla no pasa nada.

Mejor dicho, pasa, es cierto, pero no tiene mayor interés, o cuando interesa no tiene mayor sentido, porque sólo hay un tipo con demasiado tiempo de sobra, que sigue a una chica con demasiados misterios que a casi nadie le importan, en un relato con demasiadas vueltas, demasiado artificioso como para mantener la atención del espectador común todo el tiempo que dura un largometraje. Hay momentos interesantes, es cierto, que daban para un corto, la fotografía es muy elogiable, y en algunas ocasiones la protagonista aparece enfocada desde un ángulo que la vuelve morbosamente atractiva, pero igual cansa.

Dicha protagonista, la Lola en cuestión, que se muestra muy dúctil, obediente a su director, además de linda, es Lola Dueñas, la cálida Rosa de «Mar adentro», la Sole de «Volver». Más de uno la encontrará acá bastante desperdiciada.

P.S.

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