En lo que ya parece una especie de pasado remoto, cuando se imponía y masificaba la utilización del VCR, existían diferencias sustanciales de precio en adquirir un video reproductor o un video grabador. Según fueron pasando los años y con la llegada de la televisión por cable, la grabación de programas, series o películas se convirtió en hábito para muchos televidentes, en principio como modo de coleccionar películas o seguir un determinado programa episódico. La aparición del DVD, con su calidad de imagen y sonido, sumada a la baja general de precios de los mismos, llevó a que la práctica fuera abandonada en gran medida.
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La vuelta a la vida de la vieja costumbre podría darse de la mano de dos factores: la rápida expansión de la televisión de alta definición y la masificación de los grabadores de discos digitales. Esto puede verificarse en el mercado de los Estados Unidos, donde las estadísticas señalan que mientras hace dos años atrás soló uno de cada trece hogares contaban con tecnología de grabación digital, hoy en día son cinco las casas poseedoras de tales aparatos, y se estima que para el año 2011, serán más de 50% de los hogares norteamericanos los que posean grabadoras digitales.
En lo que parece ser un auténtico «mundo del revés», el fenómeno encuentra su explicación en la intensa campaña que emprendieron los proveedores de televisión por cable y satelital, quienes incluyen la posibilidad de adquirir grabadores en sus abonos de suscripción, a precios muy competitivos. Por ejemplo, un grabador de alta definición cuesta alrededor de 300 dólares en Estados Unidos, mientras que los operadores televisivos los ofrecen a tan solo 99 dólares, en lo que constituye una de las campañas más agresivas para imponer la televisión de alta definición realizadas a la fecha. Con la batalla por el formato definitivo del DVD de alta definición todavía en curso -lo que implica que su masificación está lejos de afectar la costumbre de grabar como lo hiciera en su momento el DVD estándar-, el principal desafío que enfrenta esta tecnología son los propios servicios que ofrecen algunas compañías, que permiten, por ejemplo, volver a empezar un programa que ya se está emitiendo o programar una nueva televisación del mismo en un horario conveniente para el consumidor.
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