Fue pintada en un periodo especialmente melancólico de Van Gogh, después de que la intensa colaboración entre él y Gauguin acabó abruptamente y el holandés se encontraba recluido en una institución para enfermos mentales.
Durante su estancia en Arles, ambos artistas usaron a vecinos como modelos y así fue como convencieron a Marie Ginoux de que posase para una serie de bocetos.
En el retrato, Van Gogh se alejó de su estilo para acercarse al de Gauguin.
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