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13 de noviembre 2008 - 00:00

Salta adapta bien cuentos de Aparicio

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«Luz de invierno» revela un cine regional, sentido y profundo, que busca emocionar sin pensar en triunfar en Europa.
«Luz de invierno» (íd., Argentina, 2008, habl. en esp.); Guión y dir.: A. Arroz; Int.: A. Benegas, C. Galarza, R. Cejas, M. Colán, C. Bonini, M. Barraza, D. Vargas, M. Flores, D. Núñez.

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Se abre esta película con la detenida vista de una típica casona subtropical, hermosa, lejana, con un lindo auto a la entrada. A poco, se da la primera sorpresa. La segunda, es que el invierno del título no aparece así nomás como uno se lo espera. La acción transcurre en las afueras de Salta, y por ahí viene una nueva sorpresa: el autor, los técnicos, y los intérpretes son todos salteños. Una nueva muestra, entonces, del cine regional que se esfuerza por existir, y que, como en este caso, también vale la pena atender.

No pretende «Luz de invierno» cambiar el lenguaje del cine, hacerse notar en Europa, nada de eso. Simplemente, con sencillo afecto por los personajes, y sentimiento, pinta un lugar en el mundo, ilustrando, en sentida y eficaz adaptación, tres cuentos de Carlos Hugo Aparicio. Ellos son «El último modelo», «La pila de ladrillos», y «La búsqueda», relatos que se van entrelazando con naturalidad y que, también con naturalidad, como si fuera lo más común del mundo, agregan por ahí un condimento extraño, alguna explicación fantástica, porque la vida, inclusive la vida de la gente común, también tiene cada tanto alguna explicación racionalmente inexplicable. Aparicio, salteño por adopción desde su infancia, allá en la primera mitad del siglo pasado, suele contar estas cosas, que terminan siendo reveladoras de otras. Puede objetarse algún resto literario, en verdad inofensivo (como «no sé qué hacemos en esta calle de buscas y vividores»), o alguna variedad de estilos interpretativos, no del todo mancomunados, pero ninguno de ellos discordante. Del elenco, Alberto Benegas, aquí padre de familia, es el único de larga experiencia (viene desde «Tiempo de revancha»). El relojero que ha de vivir un curiosodestino, es Rodolfo Cejas, ya visto como padre de Julieta Zyberberg en «La niña santa». Al resto, prácticamente lo vemos por primera vez, y valdría la pena registrar algunos nombres.

También vale la pena registrar al autor de la película, Alejandro Arroz, que es también un impulsor de talleres y muestras, grupos norteños de producción (desde la cooperativa Yacoraite Film, que hizo «La deuda interna» y «La última siembra», en adelante), y autor también de dos series valiosas de documentales sobre usos y costumbres, y hasta un trabajo de campaña de protección del yaguareté, especialmente encargado y difundido por Greenpeace. Un ejemplo concreto de expresión regional. Así como también existen escritores y músicos provinciales, no todo el cine ha de hacerse en Buenos Aires. En Salta sola, esta película ya lleva 25.000 espectadores. Eso sí, tardó años en concretarse (no es sorpresa).

P.S.

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