16 de julio 2021 - 00:00

Sensible film con urraca humanizada

El título “Penguin Bloom” da lugar a confusiones. Acá no hay ningún pingüino. El anuncio de los posibles beneficios de tener una urraca da lugar a sospechas, quizá porque las únicas que conocíamos hasta ahora eran las urracas parlanchinas. Pero confusiones y temores se disuelven con la visión de la película, bien llevada, sutilmente equilibrada, y además visualmente atractiva, rodada en lugares luminosos de New South Wales, Australia. Allí, en una casa hermosa, vive una mujer amargada. Un accidente le rompió la espina dorsal. Ahora no puede acudir al llamado de auxilio de los hijos en medio de la noche, ni disfrutar de los paseos, y odia recibir ayuda. El hijo mayor se siente culpable. El padre se siente en el límite. Y el pichón medio estropeado que encontraron en la playa, y rompe, ensucia y grazna todo el día, tampoco ayuda demasiado.

Como sea, cuidarlo, verlo crecer, es una ayuda. A veces también es un espejo que contribuye al relato. Así, una discusión familiar se vislumbra en una pelea del animal con otros que quieren imponerse. Sus intentos de alcanzar más seguridad en el vuelo se contraponen con la actitud negativa de la mujer. “No puedo”. “Esa es la parte fácil”, replica una instructora maorí, y la obliga a tirarse al agua. No hay milagro inesperado, como por ahí se anuncia. Pero hay un cambio de actitud. Y al fin, en los créditos finales, sabremos que ésta es la historia de Samantha Bloom, actual campeona de kayak y surfing adaptados (y sabremos también que para el film se usaron diez urracas a cargo de cuatro entrenadores, y una falsa, animada por los mismos especialistas de la serie de la BBC “Caminando con los dinosaurios”). Protagonista y coproductora, Naomi Watts. Director, Glendyn Ivin, responsable de “Puberty Blues” y otras series interesantes.

“Penguin Bloom” (Australia, 2020); Dir.: G. Ivin. Int.: N. Watts, A. Lincoln, G. Murray-Johnston (Netflix).

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