Colorista excepcional, el pintor, grabador e ilustrador Luis Seoane, junto con Sotomayor, son los pintores de origen gallego más demandados por el mercado porteño.
Luis Seoane, pintor, grabador e ilustrador, hombre polifacético y culto como pocos, fue un gallego que nació «en el barrio más populoso de Galicia, que es la ciudad de Buenos Aires», el 1 de junio de 1910 y falleció en La Coruña el 5 de marzo de 1979. Pasó su infancia y juventud en Santiago de Compostela, donde se recibió de abogado y realizó actividades políticas y jurídicas. También realizó estudios artísticos, se dedicó a la pintura, colaboró en periódicos como dibujante e ilustró varios libros. En 1936 a causa de la Guerra Civil Española, Seoane decidió regresar a Buenos Aires, donde vivió y desarrolló su mayor producción artística. El y su encantadora mujer, Maruja, vivían en Montevideo y Libertador.
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Entre 1945 y 1961 realizó numerosas exposiciones individuales en nuestro país y en el exterior. Son especialmente recordables las realizadas en la Galería Bonino de Buenos Aires, creada en 1951 por Alfredo y Fernanda Bonino en una vieja casona de la calle Maipú que se dedicó a promover, con gran éxito, a grandes maestros de nuestro arte como Victorica, Figari, Daneri, Soldi, Butler, Héctor Basaldúa, Miguel Diomede, Raúl Alonso, y Luis Seoane, por supuesto.
Seoane publicó numerosos libros de dibujos y grabados, entre otros: «Muñeira» y «Homenaje a la Torre de Hércules», que fue seleccionado como uno de los mejores libros de dibujos por la Pierpont Morgan Library y el Instituto de Artes Gráficas de Nueva York. Fue también autor de narraciones, obras de teatro e incluso poemas escritos en gallego.
Hoy, junto con Sotomayor, son los pintores gallegos más reclamados por el mercado de arte porteño. Se venden aproximadamente 20 obras suyas todos los años en subastas en la ciudad de Buenos Aires y algunas han alcanzado los 50.000 dólares. En la última década se han triplicado sus precios y hoy el valor de sus obras fluctúa entre los 80.000 dólares y los 3.000 dólares por obras pequeñas. Los grabados se pagan aproximadamente 1.000 dólares, y otro tanto sus tintas.
Colorista excepcional, trabajabalos planos de color a la manera de un grabador, utilizando trazos en negro para «separar» los colores o realizar los contornos. En sus figuras, su tema preferido, las líneas rectas y curvas se conjugan en la composición, reflejando siempre la dulzura de sus modelos femeninas. También realizóimportantes murales en diferentes edificios de la ciudad de Buenos Aires, como el que representa una escena de «Juan Moreira» en el Teatro Municipal General San Martín. Hoy los principales compradores son mercaderes de arte españoles que llevan las obras de vender a Galicia.
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