10 de enero 2006 - 00:00
Show business
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Eva Herzigova y Robert De Niro
DE NIRO EN MARCHA
Robert De Niro se reunió el fin de semana con el presidente dominicano, Leonel Fernández, antes de comenzar a filmar su película «El buen pastor». Aunque los temas tratados no trascendieron, fuentes de la Dirección Nacional de Cine de ese país dijeron que De Niro estuvo con Fernández puesto que rodará escenas del film en el palacio presidencial. «El buen pastor» estará protagonizado por Matt Damon, Angelina Jolie y el propio De Niro, y resume los 40 años de historia la CIA desde el punto de vista de James Wilson, uno de sus fundadores.
ROBAR CAMARA
Toda la atención de los británicos estaba puesta en el diputado George Galloway, quien durante tres semanas abandonará el Parlamento para concursar en el programa «Gran Hermano», pero fue otro contendiente quien se robó el show del viernes por la noche con un espectáculo que dejó atónita a la audiencia. Michael Barrymore, un famoso presentador hoy retirado, compareció en pijama en el vestíbulo de la casa televisiva y se dedicó a desgarrar un cuadro de la reina Isabel con la ayuda de un exprimidor de limones metálico. La imagen del concursante arrancándole los ojos al retrato de su graciosa majestad hizo cundir la alarma entre los ejecutivos del «Channel Four» por lo que fue considerado un insulto gratuito a la monarquía. Personaje con serios problemas mentales para unos, mero oportunista para otros, lo cierto es que Barrymore, de 53 años, figura como favorito para ganar el concurso en todas las casas de apuestas.
IDEA FIJA
Un anciano atacó a martillazos la célebre «Fontaine», la obra con la que Marcel Duchamp se mofó del arte «museificado» y el ejemplo más notorio del ready-made, es decir, un objeto industrial (en este caso un mingitorio) transformado por el artista en obra de arte. Crítico de arte activo, el hombre de 77 años martilló por segunda vez la obra (ya lo había hecho en 1993, en Nimes), en la exposición Dadá del Centro Pompidou de París. La cerámica dañada, pasó al departamento de restauración y el irascible visitante fue a parar a un calabozo.




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