Director Beda Docampo
Feijóo: «Es la primera vez
que Grandinetti hace de
abuelo, y lógicamente hubo
algunas bromas».
A siete años de su último estreno (el policial «Ojos que no ven») Beda Docampo Feijóo volvió a dirigir, y presenta su nueva obra esta semana: la comedia dramática «Quiéreme», donde un hombre debe hacerse cargo de una nieta que se había negado a conocer. En el reparto, Darío Grandinetti, la pequeña Cristina Valdivieso, Ariadna Gil, Agustina Lecuona, Jorge Marrale («uno de mis mejores amigos», subraya el director), Luis Brandoni y Juanjo Puigcorbé.
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Periodista: ¿Cómo asumió Grandinetti el papel de abuelo?
Beda Docampo Feijóo: Bien, es la primera vez que Grandinetti hace de abuelo, y lógicamente hubo algunas bromas. Le tocó de nieta una chica de condiciones muy interesantes, Cristina Valdivieso. En cuanto a la motivación, me interesó estudiar el lado oscuro de un hombre. Yo veía un programa español, «Quién sabe dónde» (acá hubo uno parecido), con casos asombrosos de tipos que todo el mundo había dado por muertos y simplemente un día se habían dicho «me voy, me da todo lo mismo». Recuerdo uno que se fue a trabajar a Costa Rica, y en ocho años no vio a su hijo, ni le mandó una carta. Bueno, ¿qué pasaría si, por determinado motivo, un padre hace culpable de algo a su hija y la abandona? Ese hombre no es consciente del enorme daño que provoca al borrarse. Y cuando se quiera reconciliar, ¿cómo cree que lo recibirán la hija y sus amigos? Se ha construido un mundo, pero ahora debe ir a otro donde todos tienen una visión horrible de él, le escapan, le mienten. El tiene una pequeña oportunidad para redimirse, pero no es una oportunidad rosa. Las deudas emocionales son hipotecas a intereses usurarios.
Motivación
P.: ¿Y cuál fue la motivación de la obra?
B.D.F.: Me interesaba ver si era capaz de emocionar sin trampas, mostrando solo una pequeña transformación de ese egoísta. Y en ese sentido me sorprende gratamente la reacción del público en los últimos 20 minutos de la historia.
P.: Qué curioso, él ha rechazado su familia, pero a los clientes les hace todo un elogio de los sabores del hogar, cuando presenta unos huevos fritos como plato de la infancia.
B.D.F.: Con un detalle que dejó perpleja a nuestra ecónoma, porque algunos fríen los huevos con aceite de oliva, otros con manteca, y él con manteca y aceite. No es fácil. El Gato Dumas decía «acá todos piensan que hacer huevos fritos es una chorrada pero es lo más difícil que hay». «Yo los hago con manteca», agregaba. Hoy varios chefs hablan de «recuperar los sabores de la infancia». Por eso éste, que tonto no es, dice lo mismo, y su amigo, el personaje de Marrale, lo mira con complicidad.
P.: Ese personaje hace libros de autoayuda y envidia la velocidad de Simenon.
B.D.F.: Algunos tienen esa capacidad. Dostoievsky escribió «El jugador» en 24 días, obligado por las deudas de juego. Simenon, con una literatura más liviana, llegó a escribir novelas en veinte días, y hasta en diez. Pero nuestro personaje también le envidia la forma de vida, porque Simenon hacía gala de haberse acostado con, exactamente, 10.000 mujeres. Después se descubrió que casi todas eran prostitutas.
P.: Volviendo a cuestiones literarias, ¿coincide con el personaje de Grandinetti cuando dice que «los insultos le dan sabor a las frases»?
B.D.F.: «Los insultos son como la albahaca a la pizza, le dan sabor a las frases». Pero hay que ver en qué momento lo dice. Personalmente no soy de escribir malas palabras, salvo que el personaje sea un maleducado, o tenga inquina con alguien, como le pasa a la bailarina que encarna Ariadna Gil, que por años estuvo escuchando lo que le contaba su amiga.
P.: Que no eran flores. ¿Dónde se filmó?
B.D.F.: En un departamento de Puerto Madero, una casona de Núñez, un restó de Palermo, la parte vieja de Madrid, Sitges y Alicante.
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