21 de noviembre 2011 - 09:25

Silvio Rodríguez: un toque de frescura para canciones que defienden las mismas causas

Silvio Rodríguez.
Silvio Rodríguez.
"¡Viva Cuba!", "¡Viva el Che!", "¡Latinoamérica unida!", se escuchó gritar fervorosamente mientras sonaban los primeros acordes. No era un espectáculo cualquiera ni un artista del montón: se trataba del máximo referente de la trova cubana.

Silvio Rodríguez abrió el concierto con "En el claro de la luna", en medio de la ovación de los 14 mil presentes que corearon cada una de las 31 canciones por las más de tres horas de recital. Acompañado por una destacada banda y tras la presentación de "La Surca", hizo que la espera de seis años desde su última visita valiera la pena.

"Siempre supe que tenía que haber una segunda cita con los ángeles que se ocupan de la suerte de mi país", dijo Silvio antes de dar paso a un set con temas de su último disco y a versiones de aquellos que ya son más que clásicos del cancionero latinoamericano.

"De la ausencia y de tí", "Días y flores" y "Mariposas" se mezclaron en el repertorio con arreglos que convertían lo conocido, lo ya cantado una y mil veces en una renovación artística que sólo algunos pocos pueden llevar adelante.

Entre los músicos que acompañaron al cubano, Niurka González Núñez en flauta y clarinete y Maikel Elizarde Ruano en tres recibieron una catarata de aplausos ante cada participación. La banda se completó con Rachid López Gómez en guitarra, César Bacaró Lainé en bajo y Oliver Valdés Rey en percusión.

Para la novena canción, Amaury Perez subió al escenario para interpretar junto al anfitrión "Amigos como tú y yo". La bienvenida del público sorprendió al invitado, también procedente de La Habana, que agradeció emocionado y compartió ya en soledad tres temas más.

Más tarde, el autor de "Historia de la silla" dedicó "Canción del elegido" a "antiterroristas cubanos": "Tenemos a cinco compañeros presos en los Estados Unidos, algunos llevan ya 13 años. Mientras ellos estén allá, mientras no los regresen a nuestra patria, en mi concierto siempre haré un rinconcito para ellos".

Y como es su costumbre, también hubo lugar para defender otra causa, esta vez local. Con un saludo a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo invitó a Víctor Heredia y juntos interpretaron "Todavía cantamos", del argentino.

"La era está pariendo un corazón" intentó ser la obra para la despedida del cantautor pero la insistencia de los espectadores, la negativa a retirarse y la ovación constante hicieron que vuelva a salir una y otra vez. Desde allí, pasaron 12 canciones más hasta su saludo definitivo.

Entonces, el barrio porteño de Caballito se inundó de éxitos como "Ojalá", "Unicornio", "Playa Girón", "Pequeña serenata diurna" y "Ángel para un final". Y aunque la lista de clásicos fue amplia, Rodríguez tuvo una carrera tan prolífica que algunos se quedaron con ganas de otros tantos.

"¡Sueño con serpientes, Silvio!", le gritó una espectadora desde la platea a modo de pedido. "Andá al psicoanalista porque es grave", se escuchó como contestación desde otra fila. Y tras el improvisado paso de comedia, sonó ese anteúltimo tema ya promediando la medianoche. El elegido para el verdadero final fue "Te doy una canción". Manos extendidas, lágrimas y aplausos coronaron la noche en que Buenos Aires disfrutó de esos himnos que desde hace décadas pasan de generación en generación.

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