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24 de octubre 2007 - 00:00

Simpática lección para "gente bien"

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La puesta de Rubén Szuchmacher favorece el lucimiento de Graciela Araujo como la aristocrática mujer que instruye al público en las reglas del protocolo y las buenas costumbres.
«Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna» de J.L. Lagarce.Dir.: R. Szuchmacher. Int.: G. Araujo. Ambientación y Vest.: J. Ferrari. Luces: G. Córdova. (Teatro «Elkafka».)

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Aunque los manuales de etiqueta hayan caído en desuso, todavía tiene su gracia husmear en aquellos ostentosos mamotretos que durante décadas intentaron controlar la moral, higiene y pautas de comunicación de la «gente bien».

Consciente del encanto de este material decadente y sofisticado, que disfraza con adornos y reverencias una mentalidad de reminiscencias feudales, el dramaturgo Jean Luc Lagarce decidió adaptarlo para la escena valiéndose de un único personaje. Se trata de una madura dama de la aristocracia francesa dispuesta a instruir al público en las reglas del protocolo y las buenas costumbres. En poco más de una hora va detallando minuciosamente la conducta a seguir en bautismos, casamientos, aniversarios y funerales. Lo interesante es que detrás de todo este ceremonial -propio de una corte- se mueven intereses económicos y serios prejuicios de clase que luego serán imitados, no sin cierto patetismo, por el resto de la burguesía.

Lagarce, uno de los dramaturgos más representados en Francia (murió en 1985), dejó que la información relevada hablara por sí misma sin desligarla del contexto social que le dio origen y sin interferir, mayormente, en sus enunciaciones. Tampoco fue necesario hacerlo ya que el discurso de esta elegante señora va exhibiendo sus costados más materialistas, hipócritas y reaccionarios con alegría y convicción.

El dinero está siempre en primer lugar, ya sea para arreglar casamientos y padrinazgos o para hacer más soportable la convivencia conyugal. Pero éste no es un tema del que se hable frontalmente. El buen gusto obliga a utilizar expresiones más sinuosas y arteras.

El texto de Lagarce es difícil de representar, ya que gira sobre un mismo eje temático de principio a fin con escasísimas variaciones. A pesar de eso, el director Rubén Szuchmacher logró meterse en los huecos y vacíos de este discurso monolítico para revelar frustraciones y conflictos largamente acallados, que desde luego no sólo tienen que ver con las familias de antaño. El director también favoreció el lucimiento de Graciela Araujo, quien con su talento y veteranía teatral captó muy bien la esencia de esta mujer que oscila entre el cinismo, la ingenuidad, y la angustia. La actriz se ríe de su personaje con la absoluta complicidad del público.

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