24 de octubre 2007 - 00:00

"Son mayoría los que estudian arqueología por Indiana Jones"

ParaSchávelzon,«losarqueólogosconsideran quebajarse de latorre de marfilde la ciencia esun pecadocapital», poreso personajesde ficción comoIndiana Jones oLara Croft«pueden servirpara estimular ahacer buenaarqueología».
Para Schávelzon, «los arqueólogos consideran que bajarse de la torre de marfil de la ciencia es un pecado capital», por eso personajes de ficción como Indiana Jones o Lara Croft «pueden servir para estimular a hacer buena arqueología».
No son Indiana Jones ni Lara Croft, pero los argentinos que practican arqueología urbana a veces se les parecen, tienen hasta peleas a puño limpio por defender la ciencia. Datos como ése lo cuentan la antropóloga Ana Igareta y el arqueólogo Daniel Schávelzon en el libro «Viejos son los trapos», que acaba de aparecer. Schávelzon, creador del Centro de Arqueología Urbana, es conocido entre la veintena de sus obras por su admirable, e inhallable, «Arqueología histórica de una ciudad silenciada, la Buenos Aires negra», donde mostró la importancia de los africanos en la constitución del país, de ese 30 por ciento de negros, morenos y pardos que hicieron a la Capital Federal y que siguen presentes en nuestro lenguaje diario, en artesanías, cultos mágicos y en el folklore a través del bombo. Dialogamos en su casa del barrio de Saavedra con Schávelzon.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea de «Viejos son los trapos»?

Daniel Schávelzon: La genteque está haciendo una fantástica serie de libros de divulgación de la ciencia, y que ya tiene best sellers como « Matemática... ¿estás ahí?» de Paenza y «El cocinero científico» de Golombek, que es el director de la colección, nos propusieron hacer uno sobre arqueología. Pensaron que la arqueología era para la gente un tema tan atractivo como poco claro. Además, los arqueólogos se preocupan más por hacer libros que sean leídos por sus colegas. Consideran, por lo general, que bajarse de la torre de marfil de la ciencia es un pecado capital.

P.: Y ustedes empiezan citando a un frase del arqueólogo de cine Indiana Jones y una comentario despectivo de una suegra.

D.S.: La imagen de Indiana Jones es la que tienen la mayoría de los que entran a estudiar arqueología. La aventuras de Indiana Jones o Lara Croft y su maestro Werner Von Croy, que muestran a arqueólogos buscadores de tumbas, en vez de ser denostadas con arrogancia científica deben servirnos para estimular a hacer buena arqueología. Del mismo modo «Jurassic Park» hizo que los chicos se interesaran en la paleontología. Esas aventuras de ficción son una interesante herramienta para la enseñanza.

P.: Bueno, ustedes haciendo arqueología urbana en Buenos Aires han vivido aventuras, enfrentamientos, ataques violentos.

D.S.: En el libro contamos de las palizas que nos dieron dos barras cuando excavábamos en la Plaza Roberto Arlt, pero hay otras que no entraron en el libro. En La Boca estamos buscando la zona de la Primera Fundación de Buenos Aires. Hay que excavar las orillas del Riachuelo. Es de terror. Nos rodean villas muy cerradas con un nivel de violencia terrible. Y si no los enfrentamientos, los narcos, la policía. Son mundos cerrados con código cerrados. Y uno no puede ir a explicar que está trabajando para la ciencia. Los investigadores tienen que ir disfrazados de obreros municipales y poner un cartel que diga: peligro escape de gas. Es la realidad de la violencia en Buenos Aires. Entonces, o lo hacemos así o no lo hacemos. Esto ha abierto una gran discusión en los arqueólogos.

P.: ¿Los arqueólogos urbanos no tienen apoyo del Estado?

D.S.: El Estado no está preocupado por su patrimonio cultural. Más allá de los discursos mediáticos de cómo nos preocupa el legado histórico se sigue demoliendo sin reparos. P.: A pesar de eso los arqueólogos siguen resguardando el pasado. Haciendo, por caso, que Facundo descanse en paz.

D.S.: Un historiador amigo, amante del pasado, me contó que en la tumba de Facundo Quiroga, en la Chacarita, no estaba el Tigre de los Llanos. Había revisado las chapas de los ataúdes y los libros de inhumaciones y Facundo no estaba. Y la Comisión Nacional de Monumentos estaba por declarar Monumento Histórico Nacional a la tumba de alguien que no estaba allí. Descubrimos una pared que no correspondía. Se usaron técnicas de radar. Se abrió. Y allí, enterrado parado estaba lo que quedaba de Facundo. Ahora reposa acostado en un ataúd.

P.: ¿Por qué lo habían emparedado?

D.S.: No lo sé. Lo que sé es que está la leyenda de que a los héroes se los debía enterrar de pie y que emparedarlo así no fue algo del siglo XIX, se hizo bien entrado el siglo XX, los ladrillos son relativamente recientes. Por qué se hizo, lo desconozco. Saber si hubo alguna amenaza eso ya está en el límite de la arqueología. Sólo vale decir: alguien lo tapó.

P.: Otra pelea que tuvieron en pro de la ciencia fue buscando en los parques de Palermo, en los terrenos de Rosas.

D.S.: Nos pegaron mal. Estábamos en tiempos de Alfonsín buscando materiales de la estancia de don Juan Manuel y de noche dos veces vinieron grupos con una garrotes horribles. Primero un grupo antirrosista y al día siguiente un grupo rosista. Para uno estábamos honrando al tirano, para los otros ultrajando a un patriota. Y nosotros sólo estábamos buscando conocer las conductas de la gente del pasado a través de los restos materiales generados por ellos. Eso fue en Avenida Libertador y Sarmiento, detrás del monumento a Sarmiento. Y para colmo fuimos criticados en un desagravio a Sarmiento que hicieron la maestras y el Ministro de Educación. Un disparate.

P.: Acaso temían que descubrieran algo escondido bajo la alfombra, como cuando excavando en mansiones encuentran objetos sexuales.

D.S.: La gente cree que lo que va a la basura desaparece. La realidad es que sigue existiendo. En más de una ocasión si encontramos en las basura objetos eróticos es porque son parte de la vida cotidiana, desde falos de madera hasta placas de porcelana con escenas de sexo. Las fotos si las hubo fueron destruidas por el tiempo o están en museos y colecciones. Las placas de porcelana, impresas en Francia, hechas en bajo relieve, mostraban escenas eróticas que hoy nos parecerían absolutamente ingenuas. Se proyectaban con una luz contra la pared, estaban preanunciando a las fotos y a las diapositivas. Tenemos nuestra ruinas de Pompeya, ésas que muestran murales eróticos romanos, por ahí excavando en el barrio de Balvanera.

P.: ¿Por qué dedican una capítulo a los «ricos y famosos»?

D.S.: La arqueología reconstruye la vida cotidiana, no le interesan los personajes. Nos interesa lo que era la vida diaria de San Martín y Belgrano, de Rosas y Sarmiento, pero primero nos importa la gente común. Esa gente que con sus desechos nos permitió saber que los clavos antes eran cúbicos y desde hace poco cilíndricos o que las bolitas que usaron los chicos para jugar nos permiten situar una época.

P.: Ustedes sostienen que «ricos y famosos eran los de antes».

D.S.: En la ciudad de Buenos Aires hasta bien entrado el siglo XX, noventa por ciento de los objetos de la vida cotidiana eran importados. Y eso llegaba a todos los sectores sociales porque la clases altas tenían una singular adhesión al lujo y a la moda; cuando algo se mellaba o pasaba lo tiraban, y lo descartado era rescatado por sectores más bajos. Finalmente lo importado terminaba de ese modo uniendo a ricos y pobres.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario

Te puede interesar