24 de octubre 2007 - 00:00
"Son mayoría los que estudian arqueología por Indiana Jones"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Para
Schávelzon,
«los
arqueólogos
consideran que
bajarse de la
torre de marfil
de la ciencia es
un pecado
capital», por
eso personajes
de ficción como
Indiana Jones o
Lara Croft
«pueden servir
para estimular a
hacer buena
arqueología».
D.S.: En el libro contamos de las palizas que nos dieron dos barras cuando excavábamos en la Plaza Roberto Arlt, pero hay otras que no entraron en el libro. En La Boca estamos buscando la zona de la Primera Fundación de Buenos Aires. Hay que excavar las orillas del Riachuelo. Es de terror. Nos rodean villas muy cerradas con un nivel de violencia terrible. Y si no los enfrentamientos, los narcos, la policía. Son mundos cerrados con código cerrados. Y uno no puede ir a explicar que está trabajando para la ciencia. Los investigadores tienen que ir disfrazados de obreros municipales y poner un cartel que diga: peligro escape de gas. Es la realidad de la violencia en Buenos Aires. Entonces, o lo hacemos así o no lo hacemos. Esto ha abierto una gran discusión en los arqueólogos.
P.: ¿Los arqueólogos urbanos no tienen apoyo del Estado?
D.S.: El Estado no está preocupado por su patrimonio cultural. Más allá de los discursos mediáticos de cómo nos preocupa el legado histórico se sigue demoliendo sin reparos. P.: A pesar de eso los arqueólogos siguen resguardando el pasado. Haciendo, por caso, que Facundo descanse en paz.
D.S.: Un historiador amigo, amante del pasado, me contó que en la tumba de Facundo Quiroga, en la Chacarita, no estaba el Tigre de los Llanos. Había revisado las chapas de los ataúdes y los libros de inhumaciones y Facundo no estaba. Y la Comisión Nacional de Monumentos estaba por declarar Monumento Histórico Nacional a la tumba de alguien que no estaba allí. Descubrimos una pared que no correspondía. Se usaron técnicas de radar. Se abrió. Y allí, enterrado parado estaba lo que quedaba de Facundo. Ahora reposa acostado en un ataúd.
P.: ¿Por qué lo habían emparedado?
D.S.: No lo sé. Lo que sé es que está la leyenda de que a los héroes se los debía enterrar de pie y que emparedarlo así no fue algo del siglo XIX, se hizo bien entrado el siglo XX, los ladrillos son relativamente recientes. Por qué se hizo, lo desconozco. Saber si hubo alguna amenaza eso ya está en el límite de la arqueología. Sólo vale decir: alguien lo tapó.
P.: Otra pelea que tuvieron en pro de la ciencia fue buscando en los parques de Palermo, en los terrenos de Rosas.
D.S.: Nos pegaron mal. Estábamos en tiempos de Alfonsín buscando materiales de la estancia de don Juan Manuel y de noche dos veces vinieron grupos con una garrotes horribles. Primero un grupo antirrosista y al día siguiente un grupo rosista. Para uno estábamos honrando al tirano, para los otros ultrajando a un patriota. Y nosotros sólo estábamos buscando conocer las conductas de la gente del pasado a través de los restos materiales generados por ellos. Eso fue en Avenida Libertador y Sarmiento, detrás del monumento a Sarmiento. Y para colmo fuimos criticados en un desagravio a Sarmiento que hicieron la maestras y el Ministro de Educación. Un disparate.
P.: Acaso temían que descubrieran algo escondido bajo la alfombra, como cuando excavando en mansiones encuentran objetos sexuales.
D.S.: La gente cree que lo que va a la basura desaparece. La realidad es que sigue existiendo. En más de una ocasión si encontramos en las basura objetos eróticos es porque son parte de la vida cotidiana, desde falos de madera hasta placas de porcelana con escenas de sexo. Las fotos si las hubo fueron destruidas por el tiempo o están en museos y colecciones. Las placas de porcelana, impresas en Francia, hechas en bajo relieve, mostraban escenas eróticas que hoy nos parecerían absolutamente ingenuas. Se proyectaban con una luz contra la pared, estaban preanunciando a las fotos y a las diapositivas. Tenemos nuestra ruinas de Pompeya, ésas que muestran murales eróticos romanos, por ahí excavando en el barrio de Balvanera.
P.: ¿Por qué dedican una capítulo a los «ricos y famosos»?
D.S.: La arqueología reconstruye la vida cotidiana, no le interesan los personajes. Nos interesa lo que era la vida diaria de San Martín y Belgrano, de Rosas y Sarmiento, pero primero nos importa la gente común. Esa gente que con sus desechos nos permitió saber que los clavos antes eran cúbicos y desde hace poco cilíndricos o que las bolitas que usaron los chicos para jugar nos permiten situar una época.
P.: Ustedes sostienen que «ricos y famosos eran los de antes».
D.S.: En la ciudad de Buenos Aires hasta bien entrado el siglo XX, noventa por ciento de los objetos de la vida cotidiana eran importados. Y eso llegaba a todos los sectores sociales porque la clases altas tenían una singular adhesión al lujo y a la moda; cuando algo se mellaba o pasaba lo tiraban, y lo descartado era rescatado por sectores más bajos. Finalmente lo importado terminaba de ese modo uniendo a ricos y pobres.
Entrevista de Máximo Soto




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