Con oficio, gracia y desenfado la pareja protagónica logra
que la obra trascienda su condición de teatro leído y genere
un ambiente de complicidad con el público.
«Diario privado de Adán y Eva, el musical». Dir. Gral. y Adap. canciones: Ch. Zorrilla. Int.: Ch. Zorrilla y C. Perciavalle. Pianista: M. Piégari. Mús.: F. García Vigil. Luces: A. Condomi. (Teatro «El Nacional».)
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El texto tiene su encanto y pese a ofreccer una visión del amor algo idealizada, también brinda un enfoque muy perspicaz sobre la vida conyugal y las diferencias de género. Son rasgos que de alguna manera aseguran la vigencia y comicidad de esta pieza, que es una adaptación, con canciones, del famoso libro de Mark Twain, publicado en 1906, y corresponde al primer acto de la comedia musical «The Apple Tree».
China Zorrilla y Carlos Perciavalle lo estrenaron en nuestro país hace 25 años, como teatro semi montado. Ellos mismos se encargan de explicarle al público su peculiar relación con este espectáculo, a través de una simpática charla introductoria en la que intercambian bromas, sobre la edad (« Nuestro pianista acaba de cumplir 20 años. Lo vamos a tener que cambiar por otro más joven»), la falta de memoria («¿Yo compré los derechos de esta obra?»/ «Sí, China, lo tuyo no es robar») o sobre los errores que cometen en escena: «Mirá qué lindo, en lugar de Adán y Eva iba a decir Eva y Victoria», confiesa Zorrilla.
Lo cierto es que en manos de estos dos artistas, la obra trasciende su condición de teatro leído y contribuye a generar un ambiente distendido y de gran familiaridad. El público se divierte con sus anécdotas narradas con frescura y desenfado y toma cada uno de sus comentarios como un gesto de complicidad. «Nada más barato que dos actorescon un libreto en la mano», explica la actriz en relación al entusiasmo que la obra despertó en varios productores, o comenta: «Miren qué letra, cada vez la tenemos que agrandar más para poder leerla», mientras extiende su libreto hacia la platea.
La lectura de los dos diarios mostrará a una Eva romántica, sensual y verborrágica, que se ufana de su pretendida superioridad intelectual, y a un Adán arisco, solitario y acérrimo defensor de la soltería. Son muy graciosas sus primeras peleas, cuando ambos compiten por dar nombre a todo lo que existe, así como su descubrimiento de los distintos fenómenos naturales.
Sobre el final el amor triunfa, pero la irrupción de la muerte le da un cierre muy emotivo a la historia. Sólo la rápida intervención de los protagonistas, con una nueva dosis de humor, hace que el público abandone la sala con una sonrisa.
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