9 de enero 2008 - 00:00

"Suspiros del corazón"

OsvaldoBonet enuna escenade «Suspirosdelcorazón»,deliciosacomediaque recuerdaesospasatiemposamablesy a lavez incisivosque protagonizabaJuan CarlosThorry.
Osvaldo Bonet en una escena de «Suspiros del corazón», deliciosa comedia que recuerda esos pasatiempos amables y a la vez incisivos que protagonizaba Juan Carlos Thorry.
«Suspiros del corazón» (Arg.-Esp., 2006, habl. en español). Dir.: E. Gabriel. Guión: L. Lipschutz, E. Gabriel. Int.: R. Coma, M. Dupláa, A. Awada, O. Bonet, H. Trayles, G. Fiori, E. Wigutow, A.M. Castel, N. Gabriel, N. Condito.

Es una injusticia que comedia tan simpática haya tardado dos años en estrenarse, y que lo haga así, casi de golpe y con estos calores. Por suerte mantiene y contagia su frescura, y no ha envejecido para nada. Alguien dirá que es simplemente vieja, porque no va a la moda, pero ahí está precisamente la gracia, que la asocia naturalmente con las viejas y queridas comedias de Carlos Schlieper, tipo «Mañana me suicido», airosas, medio extravagantes, de buen ritmo, personajes queribles, y hasta una puntita de crítica social, servida con un cuchillito de doble filo.

Esto último permite, entre otras cosas, la aparición de una escena notable, antológica, donde un anciano anarquista español y un ingeniere italiano antifascista (Osvaldo Bonet y Gianni Fiori, muy buenos los dos) discuten de modo singular cuál fue el dictador más terrible, si Mussolini o Franco, llegando a asumir actitudes casi absurdas a simple vista, con tal de imponer sus respectivos puntos de vista. Pero que, si uno las piensa un poco, no son tan absurdas.

Lo mismo pasa con la historia principal, donde un exitoso yuppie se obsesiona inesperadamente con el horóscopo de una revista de fotonovelas, a tal punto que, para saber con anticipación lo que le puede pasar con un negocio millonario, entra de actor en la revista, banca a los autores, que son esos viejos libertarios,y, por supuesto, se enamora de la protagonista, que es hija del anarquista español, y le dicen Frati. ¿Por qué le dicen Frati? Por la misma razón que a sus hermanas mayores les deben decir Liber e Igu. ¿Y por qué una fotonovela, en estos tiempos? Bueno, eso también tiene su razón de ser, y conste que no se trata de una razón posmoderna, burlona y superficial, sino de una razón doblemente romántica, cariñosa y, si se quiere, con algo de profundidad.

  • Buen elenco

  • El estilo de «Suspiros del corazón» remite a esos pasatiempos deliciosos, amables, y a la vez incisivos que protagonizaba Juan Carlos Thorry, siempre confundido por los desvelos soñadores de alguna chica muy espiritual, pero, eso sí, de boca y necesidades bien carnales. Maravilla de la época que sabe mejorar algunas cosas, esta vez la chica viene sin suegra incluida. Por supuesto, se cumplen las reglas de toda comedia de amor, y hasta hay una vuelta de tuerca para asegurarnos que todo termina bien. También hay buenos comediantes, empezando por Alejandro Awada, que hace de narrador con premio, linda parejita (Roger Coma y la debutante María Dupláa), una música gozosa de Osvaldo Montes a la vieja usanza, risueños chistes visuales, y un bolero que no va enteramente con la historia, pero siempre da gusto escucharlo: «Inolvidable», por Tito Rodríguez.

    No cambiará el mundo por esta comedia, pero al menos le va a cambiar la cara a los espectadores. Chiquita, amena, bien hecha, se disfruta.

    P.S.

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