31 de octubre 2008 - 00:00

Teatro muy grande para Gal íntima

«50 años bossa nova. Gal Costa canta a Tom Jobim». Actuación de Gal Costa (voz) con Luiz Enrique Meira (guitarra). (Teatro Gran Rex, 29 y 30 de octubre).

L a bahiana Gal Costa vino a la Argentina para sumarse al 50º aniversario del nacimiento de la bossa nova, en un año en el que, como nunca, se están escuchando las canciones de Tom Jobim, Vinicius de Moraes y Carlos Lyra. La cantante ha pasado por muchos géneros, desde los temas Dorival Caymmi hasta el pop más masivo; y también grabó un disco, editado en 1999, dedicado a la obra del gran Jobim.

Ese trabajo, que nunca había presentado formalmente en nuestro país, era el que se adelantaba como eje para las dos actuaciones que Gal Costa hizo esta vez en Buenos Aires. En rigor, hubo muchos temas de ese álbum, con piezas como «Garota de Ipanema», «Wave», «Chega de saudade», «Samba do aviao», «Desafinado», «Corcovado», «A felicidade», etcétera. Pero hubo además mucho de su repertorio más habitual, ése en el que se lucen los agudos que la convirtieron en una artista masiva. Y así aparecieron canciones como «Minha voz, minha vida», «Eu vim da Bahía», «Baby», la maravillosa «Vatapá» de Caymmi, «Dindi», «Fiesta do interior», Aquarela do Brasil», «Força estranha» o «Un día de domingo».

Como se ve, no hubo sorpresas desde la lista de títulos; al contrario, de tan conocidos todos, fueron muchos los momentos en que Costa invitó al público a reemplazarla en el canto. Y la llevó a repetir, varias veces, «ustedes no son argentinos, son brasileños», seduciendo a la platea con el ineludible toque demagógico.

Lo curioso de estos shows estuvo, sí, en el planteo estético. No es habitual que esta cantante, que hace tiempo ha entrado en la escala más alta del «show business» haga un concierto solamente acompañada por un guitarrista. Quizá el enorme teatro Gran Rex no fuera el mejor ámbito para una experiencia como ésta, mucho más disfrutable, sin dudas, en un espacio más pequeño. Por eso, quizás, el sonido y el toque algo reiterado del virtuoso guitarrista Luiz Enrique Meira terminaron por hacerse monótonos promediando el show, y la voz de Gal no estuvo en su mejor momento (al menos en la primera función). Pero cualquiera de estas dificultades estuvo compensada con la posibilidad de encontrarse con ella de un modo descarnado e interprentando canciones que son antológicas como si fueran maquetas.

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