Salvo su impresionante fotografía, «La amenaza invisible» es una impresentable película
de guerra con aviones que hablan y escenas apocalípticas que no se pueden tomar
en serio.
«La amenaza invisible» (EE.UU., 2005, habl. en inglés) Dir. R. Cohen. Int.: J. Lucas, J. Biel, J. Foxx, S. Shepard, R. Roxburgh, J. Morton
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"Señor ¿puedo hablar con libertad?". Esta frase se viene repitiendo en toda película de guerra desde antes de «El Motín del Caine» hasta las batallas cósmicas de «Invasión». Es el momento en el que el guión marca la diferencia entre el héroe y sus más despiadados superiores, que invariablemente aceptan el pedido, aunque sea para saber el auténtico pensamiento del pobre desgraciado. Sin embargo, esta impresentable película de guerra, apenas levemente futurista, tiene sus hallazgos de comedia involuntaria, como un superior que responde sin titubear: «No. No puede hablar libremente»
Teniendo un avión inteligente que puede iniciar una guerra mundial masacrando a terroristas y civiles por igual, sin perder tiempo en tácticas light, estos oficiales lucen como extraños descendientes de los delirantes militares de clásicos de la Guerra Fría como «Dr. Insólito».
Si esta deformidad de 130 millones de dólares se hubiera mantenido fiel al espíritu clase Z de su guionista, W Richter, una élite de amantes de films de culto recordaría para toda la vida esa película totalmente demente capaz de combinar «Top Gun» con «Relámpago Azul», «2001 odisea del espacio» con «Reto al destino», «Los Puentes de Toko Ri» con «Firefox» y, mucho más increíblemente, citar sátiras del calibre de «MASH» de Robert Altman o «El hombre de las estrellas» de John Carpenter (de por sí una parodia de «2001») en un contexto supuestamente serio. Obviamente un escritor tan inconsciente como Richter debe haberse sentido realizado al poder ver filmada semejante mezcla con semejante presupuesto, y luego debe haberse quejado de que después de haberle dado luz verde a su guión, se haya eliminado el espíritu chistoso/lunático del concepto original (cualquier cosa se queda corta al lado de este mal sueño con aviones que hablan, pero que son menos aparatos que los pilotos que los vuelan).
En un par de décadas tal vez alguien diga de este film cuasi apocalíptico, que igual que Robert Wise en «El cañonero del Yang Tse», al no poder filmar una guerra contemporánea, los cineastas buscaban metáforas en tiempos remotos o futuros, como en este film de Rob Cohen, un director talentoso que perdió toda pizca de temor al ridículo luego de su larga campaña en «División Miami».
Es difícil definir la ideología de esta aventura sobreproducida hasta la nausea, pero tímidamente se podría arriesgar que a falta de algo más o menos coherente que decir, sus productores apoyaron el proyecto no por su mensaje contestatario, sino por su potencial como video-game y todo lo que viene incluido en el rubro. Por lo demás, la banda de sonido es peor que el guión y las actuaciones, las canciones no existen, y la fotografía de Dean Semler aporta imágenes imponentes que por momentos ayudan a disfrutar en serio de este film que muestra una guerra mucho menos atemorizante que la vemos todos los dias en los noticieros.
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