Demi Moore
es la ejecutiva
resentida y
Michael Caine
(maestro) es el
inofensivo
empleado de
la limpieza que
urden el
ingenioso robo
de «Un plan
brillante».
«Un plan brillante» (Flawless, G. Bretaña-Luxemburgo, 2007, habl. en inglés). Dir.: M. Radford. Guión: E. Anderson. Int.: M. Caine, D. Moore, L. Wilson, N. Parker, S. Seymour, N. Jones, M.K. Ashtoncroft.
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Londres, 1960. Ese Londres circunspecto, encorsetado, medio grisón, que todavía impone sin fisuras a la vista una serie de convenciones, ceremonias, y escalafones muy difíciles de superar, sobre todo para una mujer que quiere progresar como ejecutiva de la London Diamond Corp., una firma tradicional acostumbrada a cumplir sus tradiciones y aplastar sin piedad a sus empleados y competidores. Esa ejecutiva es Demi Moore, tan rígida como cualquiera de sus colegas, más despierta que muchos de ellos, pero siempre relegada por debajo de ellos. Sólo una persona observa sus estados de ánimo: el viejo empleado de la limpieza, turno noche, un viudo taciturno, rengo, tan inofensivo y tan anónimo que nadie percibe su inteligencia. Y que está deliciosamente interpretado por Michael Caine, maestro.
El viejo inofensivo cita misteriosamente a la ejecutiva en un cine. Justo están dando una de ese año, «Honorables delincuentes» (The League of Gentlemen), con Jack Hawkins, sobre veteranos de guerra que, sintiéndose menospreciados, planifican un robo al City of London Bank, alias The Old Lady. El fragmento que vemos es discreto, apenas un guiño, como para ponernos en sintonía. El viejo parece menos discreto, y nos hace entrar en carrera. Pero es una carrera con obstáculos, llena de sorpresas, de sospechas, y encima con un inspector de policía, Lambert Wilson, que por alguna otra razón interroga a la ejecutiva, pero como si en vez de mandarla presa pensara seducirla (y después mandarla presa). En el transcurso de los hechos ella va a aprender algunas cosas, que la harán más sabia y más humana. Y nosotros aprenderemos algunas otras, igualmente útiles, sobre formas de robo, a cual más elegante, humillación al de abajo y al de arriba, réplicas tan brillantes como los brillantes, y remates superiores a lo que uno espera, o al menos decididamente distintos e inesperados. Dicho sea de paso, también se aprende a sospechar de las empresas de seguros.
El título original, «Flawless», quizá podría traducirse como «Sin fallas». La película tiene algunas, pero muy chicas (de maquillaje, continuidad, precisión histórica al mencionar un lugar que entonces llevaba otro nombre), y en compensación luce unas cuantas aristas impecables, bien relucientes, sobre todo las que corresponden a Michael Caine, que hace un personaje memorable, y todo el resto del elenco masculino, amén, por supuesto, del ingenio del libretista Edward Anderson para contraponer y armonizar dos caracteres muy distintos, tensarnos con un golpe más singular de lo que se esperaba, y despedirnos con una nueva sorpresa, y una moraleja. En resumen, casi una joyita.
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