La presunción que tenía la gente de Chascomús sumó mayor consternación y sorpresa por el hecho de que se trataba de personas de la vecindad. En realidad, al igual que todos los habitantes del país, debieron poner a prueba su capacidad de asombro con la confirmación de que los detenidos se habían manifestado culpables, superando los límites de lo impensado luego de la confesión.
Quién podía imaginar que una persona (en este caso lisiada) podía ser asesinada por personas de su propio conocimiento, que uno de ellos era amigo personal suyo y que todo había sido previamente (y minuciosamente) programado para cobrar un rescate, porque ellos sabían -por boca de la víctima- que hacía poco tiempo había cobrado una indemnización de cierta importancia.
Todos estos detalles terminaron por dilucidarse como consecuencia de los dichos de un «arrepentido», a pesar de que ya las sospechas se encauzaban hacia un círculo reducido, pues se entendía que pocos eran los que conocían el importe cobrado. Tal vez el estupor mayor sobrevino cuando las autoridades se enteraron de que en el plan para llevar a cabo, la víctima «iba a ser ejecutada antes de exigir el importe del rescate» (iban a pedir entre 50 y 60 mil pesos).
Los datos obtenidos hasta ayer señalaban que hay cuatro detenidos que tienen inclinación a las drogas, provienen de familias de cierto nivel económico y social, y que luego de contradicciones terminaron por aceptar su participación (aún no se sabe en qué grado cada uno); y que trasladaban las actuaciones a la Justicia para definir penas, de acuerdo con dichos policiales.
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