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Los pasajeros iniciaron su motín después de la cancelación de tres escalas del barco en el Caribe para recuperar el tiempo que se había perdido por la avería de uno de los motores de propulsión.
Debido a ese retraso, sus 2.528 pasajeros permanecieron durante seis días consecutivos a bordo del crucero que cubre el trayecto Nueva York-Río de Janeiro.
En compensación, la empresa naviera Cunard, que opera el crucero, les ofreció abonar la mitad del importe de sus billetes, precio que no incluía el vuelo en avión para regresar al punto de partida.
Los viajeros, tras rechazarlo, amenazaron con hacer una "sentada" y no desembarcar a la llegada a Río de Janeiro.
Un portavoz de Cunard señaló que la compañía pensaba que su oferta original era justa. Pero al final "decidimos hacer un gesto adicional", dijo.
"Aquellos pasajeros que abandonen el barco en Río de Janeiro recibirán la devolución total de su pasaje, incluido el billete de avión", indicó el portavoz.
Asimismo, afirmó que a los viajeros que permanecieran en el transatlántico tras parar en la ciudad brasileña, también se les devolvería el dinero por el trayecto realizado hasta Río de Janeiro.
La empresa no paró en las islas caribeñas de St. Kitts, Barbados y Salvador de Brasil.
Una de las quejas de los pasajeros es que se les avisó de que no se harían estas paradas cuando el crucero ya estaba en el mar y muchos de ellos habían pagado ya excursiones y hoteles en esas escalas intermedias.
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