Aniversario de un desatino nacional

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Fue un aniversario digno de su breve pero agitada trayectoria. El tren El Gran Capitán, que une Posadas con Buenos Aires, debía llegar ayer a las 11 a la estación porteña de Federico Lacroze, donde se iba a realizar un festejo -con colocación de placa incluida y la presencia de autoridades nacionales y provinciales-por el primer año de la reactivación del servicio. Pero nunca llegó, lo mismo que los 250 pasajeros que llevaba esa formación, que quedaron varados en Corrientes a causa de una demora de nueve horas y un descarrilamiento.

Finalmente, fueron trasladados en micro a Buenos Aires, y más de uno habrá pensado que le habría convenido haber tomado esa opción desde un principio.

El Gran Capitán es ya famoso por sus demoras, sus accidentes y sus incomodidades. Promete unir Posadas con Buenos Aires en 25 horas, pero difícilmente lo ha hecho en menos de 30. Si se suma a esto que un micro tarda sólo 13 horas para realizar los mismos 1.100 kilómetros y que hasta resulta más económico, su propia existencia termina representando uno de los grandes misterios argentinos.

Desde su reactivación, el 25 de setiembre del año pasado, el tren nunca pudo terminar de superar el lamentable estado de las vías, amén de otros problemas. Ya en el viaje inaugural le fue imposible llegar a Posadas, y se recuerda cómo debió transitar en algunos tramos especialmente calamitosos a 30 kilómetros por hora o incluso a paso de hombre.

En su viaje aniversario, frustrado ayer, el problema fue un tronco cruzado en medio de las vías, a la salida de un puente y en una curva pronunciada. Quienes más pagaron, los pasajeros de Primera, se llevaron la peor parte en el descarrilamiento. Claro,
a modo de ¿disculpa?, los responsables del servicio denuncian que se trató de un sabotaje. Seguramente, otro incentivo para potenciales pasajeros.

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