16 de septiembre 2004 - 00:00

García Márquez ya tiene quien lo invite

Gabriel García Márquez fue invitado ayer por Néstor Kirchner al Congreso de la Lengua, poco después de que José Saramago anunció que no vendría por solidaridad hacia él.
Gabriel García Márquez fue invitado ayer por Néstor Kirchner al Congreso de la Lengua, poco después de que José Saramago anunció que no vendría por solidaridad hacia él.
Muchos años después, frente al pelotón de memorias de su mandato, el presidente Néstor Kirchner habrá de recordar aquella tarde remota de setiembre de 2004 en que decidió invitar a Gabriel García Márquez al Congreso de la Lengua, porque de la respuesta al convite depende algo más que el orgullo. El Nobel colombiano dijo una vez que no pisaría nunca la Argentina mientras mandaran los militares. Después, que tampoco lo haría mientras gobernara Carlos Menem.

Arriesgarse a ponerse en serie en esa galería de rechazos es una jugada fuerte, sobre todo cuando García Márquez ha dicho, más de una vez, frases como: «Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual» (por eso cobra tan caro, debería agregar). Algo parecido repitió ayer, aunque atenuó el malhumor del gobierno cuando agregó que «la Argentina es el país que más quiero».

• Naturaleza

Como en la fábula de la rana y el escorpión, así es la naturaleza del artista: no le gusta moverse, y si lo hace, pica. Ya sea con el reclamo de honorarios exorbitantes, ya sea humillando el puritanismo académico, como cuando aconsejó terminar con la ortografía en el congreso de Zacatecas en 1997: «Enterrar las haches rupestres, firmar un tratado sin límites entre la ge y la jota, y poner más uso de razón en los acentos escritos». Desde ese día, los puristas lo convirtieron en su mayor enemigo.

El amor de Kirchner por García Márquez ocurre, así, en los tiempos de la cólera académica en su contra. La decisión de no enviarle el RSVP al autor de «El coronel no tiene quien le escriba» partió de la Asociación de las Academias de la Lengua (anfitriona legal del Congreso), que preside Humberto López Morales. Cuando se enteró de ello el presidente argentino, que el 17 de noviembre debe inaugurar el Congreso en Rosario, junto a los Reyes de España, ordenó al canciller Rafael Bielsa que apresurara todos los trámites para que partiera la invitación y se asegurara su presencia.

Ayer a la tarde, Bielsa debió abocarse exclusivamente a esta tarea y suspender cualquier otra actividad. Desde Cancillería dijeron a este diario que el canciller se comunicaría hoy con López Morales y con Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia Española, para indicarles la conveniencia de invitar a García Márquez. También dijeron, en el Ministerio, que no habría conflicto legal si los académicos persistían en su actitud y el gobierno invitaba por su lado, porque eso era potestad del país anfitrión.

También ayer, la primera dama,
Cristina Fernández, presidenta de honor del Comité Ejecutivo del Congreso, le dejó una invitación telefónica a García Márquez, mientras en México, donde reside el autor, el ex agregado cultural de la embajada de ese país en la Argentina, Javier Winer, colaboraba en las gestiones. En el medio quedó la subsecretaria de Cultura y presidenta de la Comisión Ejecutiva del Congreso, Magdalena Faillace, encargada de poner la cara ante la prensa, que durante toda la semana pasada continuaba en la angustiosa duda acerca de quién lo quería y quién no lo quería al autor de «El otoño del patriarca».

En la lista de sospechosos figuraba, desde luego, el presidente de la Academia Argentina de la Lengua, Pedro Barcia, quien sin embargo ayer dijo que no hubo resistencia o rechazo hacia García Márquez; que simplemente «no había entrado en las consideraciones porque no había seguridad de si iba a aceptar o no. No hay encono». En buen criollo, algo así como «para qué lo vamos a invitar si nunca sale a ningún lado».

La hojarasca no terminó allí porque ayer otro Nobel, José Saramago, comunicó que tampoco vendría al Congreso «por solidaridad con García Márquez». La inesperada negativa del portugués, que ya amenazó con convertir a este Congreso en un festival de desplantes y divismos, dio lugar a un llamado telefónico de García de la Concha, quien, según le dijo a la agencia «EFE», habló por la tarde con García Márquez y luego transmitió una versión por completo distinta.

• Timidez

Según García de la Concha, el escritor le dijo que no viajaba porque es tímido. Es decir, ningún problema con la Argentina, ningún problema con los académicos. Timidez, a secas, tal vez alimentada por la modorra, o tal vez (quién sabe) por la necesidad de salir a publicitar su próximo libro, la primera novela que publica en los últimos diez años, y que se llamará «Memoria de mis putas tristes».

En su diálogo telefónico, también le dijo García Márquez a García de la Concha que le rogara a Saramago que cambiara de actitud y concurriera al Congreso, «porque si él no va, entonces tendré que ir yo». Resignación bastante poco halagüeña para con gente que tanto lo admira: sin duda, observar cómo dos grandes intelectuales se pasan la invitación uno a otro a ver quién va a Rosario habrá de afligir a Ernesto Sabato, quien iba a ser homenajeado por una comisión que integraba, justamente, Saramago, en un congreso que la Argentina debería proteger mucho más. Tal vez no haya, como en Macondo, una segunda oportunidad.

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