16 de septiembre 2004 - 00:00
García Márquez ya tiene quien lo invite
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Gabriel García Márquez fue invitado ayer por Néstor Kirchner al Congreso de la Lengua, poco después de que José Saramago anunció que no vendría por solidaridad hacia él.
También ayer, la primera dama, Cristina Fernández, presidenta de honor del Comité Ejecutivo del Congreso, le dejó una invitación telefónica a García Márquez, mientras en México, donde reside el autor, el ex agregado cultural de la embajada de ese país en la Argentina, Javier Winer, colaboraba en las gestiones. En el medio quedó la subsecretaria de Cultura y presidenta de la Comisión Ejecutiva del Congreso, Magdalena Faillace, encargada de poner la cara ante la prensa, que durante toda la semana pasada continuaba en la angustiosa duda acerca de quién lo quería y quién no lo quería al autor de «El otoño del patriarca».
En la lista de sospechosos figuraba, desde luego, el presidente de la Academia Argentina de la Lengua, Pedro Barcia, quien sin embargo ayer dijo que no hubo resistencia o rechazo hacia García Márquez; que simplemente «no había entrado en las consideraciones porque no había seguridad de si iba a aceptar o no. No hay encono». En buen criollo, algo así como «para qué lo vamos a invitar si nunca sale a ningún lado».
La hojarasca no terminó allí porque ayer otro Nobel, José Saramago, comunicó que tampoco vendría al Congreso «por solidaridad con García Márquez». La inesperada negativa del portugués, que ya amenazó con convertir a este Congreso en un festival de desplantes y divismos, dio lugar a un llamado telefónico de García de la Concha, quien, según le dijo a la agencia «EFE», habló por la tarde con García Márquez y luego transmitió una versión por completo distinta.
• Timidez
Según García de la Concha, el escritor le dijo que no viajaba porque es tímido. Es decir, ningún problema con la Argentina, ningún problema con los académicos. Timidez, a secas, tal vez alimentada por la modorra, o tal vez (quién sabe) por la necesidad de salir a publicitar su próximo libro, la primera novela que publica en los últimos diez años, y que se llamará «Memoria de mis putas tristes».
En su diálogo telefónico, también le dijo García Márquez a García de la Concha que le rogara a Saramago que cambiara de actitud y concurriera al Congreso, «porque si él no va, entonces tendré que ir yo». Resignación bastante poco halagüeña para con gente que tanto lo admira: sin duda, observar cómo dos grandes intelectuales se pasan la invitación uno a otro a ver quién va a Rosario habrá de afligir a Ernesto Sabato, quien iba a ser homenajeado por una comisión que integraba, justamente, Saramago, en un congreso que la Argentina debería proteger mucho más. Tal vez no haya, como en Macondo, una segunda oportunidad.



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